¡SÍ SE PUEDE!
ORGANIZAR Y HACER LA REVOLUCIÓN
Artículo escrito y publicado en la Revista Política, en enero de 2011. Analiza en el contexto histórico contemporáneo la incidencia del gobierno de Correa en el desarrollo de la Tendencia de Cambio, plantea la perspectiva del ascenso de la lucha social y política de los trabajadores y los pueblos del Ecuador
La ofensiva ideológica anticomunista y contrarrevolucionaria persiste y en la actualidad se torna más virulenta y agresiva al tiempo que no pierde la sutileza. Sin poder esconder totalmente los logros de las revoluciones del siglo XX, incapacitados en sus afanes por borrar del imaginario de los pueblos los deseos y las aspiraciones de alcanzar la liberación a través de la revolución, sin alcanzar a difuminar la utopía, imposibilitados de negar la necesidad de la revolución social se esgrime por parte de los ideólogos de la burguesía y de la reacción, por parte de los analistas socialdemócratas, revisionistas y oportunistas, de los renegados de la izquierda revolucionaria una serie de tesis y propuestas que niegan la posibilidad de que la revolución se produzca.
Evidentemente la ofensiva reaccionaria y anticomunista que recrudeció luego de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del “socialismo real” y se continúa desarrollando, tuvo y tiene impacto ideológico y político en el seno de la clase obrera, de los pueblos, de los revolucionarios y comunistas.
La batalla contra esta ofensiva anticomunista se está dando en todos los terrenos, se la está contrarrestando, pero la guerra no termina, nuevos combates deben librarse en el terreno teórico y político, en el ámbito de la lucha de las ideas. Esta confrontación es parte indispensable de la lucha revolucionaria; no se puede organizar y conducir la revolución ignorando o haciéndose a lado de esta circunstancia.
La revolución es una necesidad histórica
Sobre la idea de que “los pueblos no quieren hacer la revolución porque la historia demuestra que fracasó allí donde tuvo lugar” señalaremos rápidamente que se trata de una afirmación malintencionada y falsa.
Los hechos son tozudos y están demostrando lo contrario.
Las ideas preconizadas y difundidas por la burguesía y todos sus adláteres acerca de la superioridad del capitalismo sobre el socialismo, de que la humanidad ha alcanzado los más grandes estadios de desarrollo, de que la ciencia y la tecnología “frutos genuinos del capitalismo” están permitiendo un progreso material y social inusitado, de que la libertad y la democracia que hoy tenemos beneficia a miles de millones de seres y no ha existido nunca antes van siendo rebatidas por la vida y por el accionar de los trabajadores y los pueblos.
El capitalismo es la dominación del capital sobre el trabajo, es la explotación de la fuerza de trabajo de miles de millones de personas, es la opresión de los pueblos y naciones. Es la expresión del carácter social de la producción (millones de trabajadores en todos los continentes y países) y la apropiación privada de la riqueza creada por parte de los grandes empresarios y banqueros, por parte de los monopolios y los países imperialistas.
Bajo el capitalismo los trabajadores y los pueblos soportan las cadenas de la explotación económica y la opresión política; son víctimas de la desigualdad y la opresión social, de la discriminación étnica cultural. El capitalismo genera el constante empobrecimiento de las masas trabajadoras, el desempleo, la insalubridad, la falta de educación, la ignorancia, los cinturones de miseria, la depredación de la naturaleza, la contaminación del ambiente y el calentamiento global; y, como consecuencia, las prebendas y privilegios de un puñado de grandes empresarios y banqueros, el dominio de unos cuantos países imperialistas sobre más de una centena de países y pueblos dependientes. El capitalismo es guerra y agresión, genocidio.
Nada de lo que produce o provoca el capitalismo beneficia a las grandes masas de trabajadoras. Miles de millones de jóvenes respiran un mundo contaminado, no tienen empleo y son empujados a la drogadicción y el vicio, nada le deben al capitalismo sino su incertidumbre, sus problemas y dificultades. No tienen porque defenderlo.
No existe la paz social, se agudiza la lucha de clases
El mundo entero es escenario de la agudización de las contradicciones fundamentales de la época: de la que confronta a los trabajadores y los patronos; de la que opone a los pueblos y naciones oprimidas con el imperialismo; de aquella que enfrenta los monopolios y a los países imperialistas entre sí.
El “nuevo orden mundial” que pretendieran imponer los monopolios norteamericanos y el imperialismo yanqui no existe sino en los sueños de los señores de la guerra. Los trabajadores, los pueblos y también, los otros países imperialistas dijeron No. Cada quien defiende sus intereses y lucha por ellos.
La crisis actual del capitalismo, la quiebra y el cierre de grandes bancos y monopolios, la utilización de los dineros públicos para auxiliar a las grandes industrias y al sistema financiero, el despido de decenas de millones de trabajadores, la pérdida del poder de compra de las grandes masas ponen al descubierto que “el paraíso capitalista” no existe y menos beneficia a los trabajadores y los pueblos.
La determinación del gran capital de echar el peso de la crisis sobre los hombros de la clase obrera de todos los países, sobre las economías de los países dependientes, a pesar de cumplirse, no les está permitiendo conjurar sus devastadores efectos y menos recuperar “rápidamente” el crecimiento económico, como eran sus objetivos y propaganda.
Ciertamente existen algunos indicios de recuperación situados en determinadas ramas de la industria, en renglones específicos del aparato financiero que permite a algunos analistas y gobiernos anunciar el fin de crisis y proclamar la marcha incesante de “un nuevo capitalismo”. Vanas ilusiones, bien pronto aparecen en otros rubros, en otros países y con más fuerza los coletazos de la crisis internacional actual. Grecia, España, Irlanda, Portugal y a partir de ellos toda la zona del euro son conmovidos por la crisis y sus efectos se irradian a todo el planeta.
Más allá de la crisis estructural del sistema capitalista, de la crisis económica internacional que tiene lugar en la actualidad, el capitalismo y sus ideólogos no pueden evidenciar el discurso del desarrollo sostenido, de la interdependencia proclamada por la globalización, de la democracia y las libertades, de la paz entre las naciones, del bienestar de las masas y de la paz social.
El ideal de la libertad, la igualdad social y la democracia popular resurge y se desarrolla diariamente en todos los confines de la tierra. Los explotados y oprimidos, principalmente la clase obrera recuperan posiciones, hacen escuchar su voz, organizan el reclamo, la protesta, la huelga de empresa, se toman las tierras, se movilizan en las calles y van a la huelga general.
En todas las regiones y países se están desenvolviendo importantes acciones de la clase obrera y de los pueblos en oposición a pagar la crisis, a los recortes salariales y la restricción de los derechos; el movimiento huelguístico cobra fuerza y se expresa en la lucha concreta contra la patronal y en la huelga general contra los gobiernos y los monopolios imperialistas. La lucha de la clase obrera y de las otras clases y capas trabajadoras apunta en sus acciones más calificadas a la denuncia y al combate contra el capitalismo y replantea el ideal del socialismo. De manera principal la lucha de la clase obrera, se viene expresando en la huelga general que ha tenido lugar en varios países de Europa, también en expresiones internacionalistas, huelgas simultáneas en varios países; de igual manera la clase obrera irrumpe desarrollando miles de huelgas en China, India, Corea del Sur, Japón y otros países del continente asiático; así como en Estados Unidos y Canadá.
Igualmente los pueblos y naciones confrontan la dominación imperialista: luchan con las armas en las manos por expulsar a las tropas invasoras en Irak y Afganistán, se unen y combaten con denuedo en Palestina, en África, Asia y América Latina. En nuestro continente, desde el Rio Grande hasta la Patagonia, la lucha social y nacional, coloca en el imaginario popular, en las batallas políticas cotidianas y en la perspectiva el ideal, el camino y los objetivos de la revolución y el socialismo.
La confrontación de intereses entre los países imperialistas, la guerra comercial entre los bloques, la carrera armamentista, la instalación de nuevas bases militares en Europa, Asia y América Latina pone de manifiesto que las contradicciones interimperialistas amenazan a la paz, a la humanidad, a los pueblos y naciones, a los trabajadores que pretenden ser utilizados como piezas de ajedrez y como carne de cañón en esas disputas.
La lucha revolucionaria en el Ecuador
En el Ecuador de nuestros días, los importantes acontecimientos sociales y políticos que se desenvuelven, la participación en esos eventos de millones de seres, de los trabajadores y los pueblos pone de manifiesto la presencia y el desarrollo de un importante y significativo proceso de construcción y desarrollo de un movimiento emancipador que incorpora a los trabajadores de la ciudad y el campo, a los trabajadores intelectuales y manuales, a los campesinos pobres, a los habitantes de los barrios populares, a los pequeños comerciantes, a los maestros, a los estudiantes, a los pueblos indígenas y negros, a los mestizos. Se trata de un proceso que se construye en la organización y lucha de las masas, en la confrontación reivindicativa, por salarios y estabilidad, por tierra para cultivo y para vivienda, por educación y salud gratuitas y para todos, por los derechos sindicales y sociales; es una causa que se proyecta al cambio, a la transformación de las estructuras; es una propuesta que en sus expresiones más avanzadas tiene la perspectiva de la revolución y el socialismo.
Los sectores más comprometidos recuperan, de manera sostenida, conciencia de la necesidad de la revolución social, de su rol en la transformación revolucionaria; las clases y capas sociales que necesitan del cambio y que aspiran a él pero que sueñan que esa mudanza sea dirigida por una personalidad, de una u otra manera, están involucradas en el proceso, mismo que inconscientemente; las clases dominantes, sus ideólogos, sus voceros y partidos políticos avizoran el advenimiento del cambio, de la revolución y por eso redoblan sus esfuerzos por detenerlo y o desviarlo a toda costa. Esto quiere decir que la necesidad del cambio, de la transformación de las estructuras, de la revolución se está transformando en el deseo y la decisión de luchar por él.
Desde hace varios años, en el Ecuador se va configurando en las calles y los campos, en las fábricas, los barrios y las aulas un proceso de organización social que se apuntala en el movimiento sindical, en corrientes sindicales, en las diversas formas de organización del campesinado, comunas, asociaciones, cooperativas, juntas de agua, asociaciones de regantes, en asociaciones y comités de pequeños comerciantes, en comités barriales, en el combativo sindicato de maestros, en asociaciones y federaciones estudiantiles secundarios y universitarios, en organizaciones de género.
Simultáneamente en el país se expresa con nuevo vigor y brillantes perspectivas el movimiento nacional de los pueblos y nacionalidades indígenas que irrumpe reclamando su espacio y responsabilidades en el devenir histórico; de la misma manera el pueblo negro se organiza en defensa de su cultura e identidad.
El impacto de la campaña anticomunista de la última década del siglo pasado sobre las organizaciones y partidos de izquierda va perdiendo incidencia. Se reafirman las posiciones revolucionarias, se revitalizan las organizaciones y se expresan cotidianamente en la vida del país.
Este proceso de organización de los trabajadores y los pueblos se galvaniza en medio del combate social, nacional y político que se viene librando en el país. Se plantea, discute y aprueba propuestas unitarias de carácter programático y de acción; hasta ahora, registra importantes jalones en la construcción de la unidad popular y nacional, al tiempo que problemas y razones que dificultan y obstruyen el camino de la unidad; en lo fundamental las diversas fuerzas sociales, nacionales y políticas de izquierda, hemos coincidido en las calles, en la lucha, en el señalamiento de nuestros enemigos; nos hace falta recorrer muchos estadios, transformar la unidad en la acción, al acuerdo programático, al compromiso de caminar juntos a la conquista del poder.
La característica más saliente de la lucha popular de los últimos quince años es la capacidad de recorrer rápidamente y de manera general de la protesta frente a los paquetazos neoliberales, de la huelga general a la confrontación política contra los gobiernos corruptos y vendepatrias, a los levantamientos populares que echaron abajo a Bucaram en 1997, a Mahuad en 2000, a Gutiérrez en 2005.
Los protagonistas principales de esas altas acciones políticas que derrocaron esos gobiernos fueron los sectores populares organizados en sindicatos, comités y asociaciones; las organizaciones nacionales indígenas; los partidos y organizaciones políticas de izquierda. Participaron también importantes contingentes sociales populares que no cuentan con organización, igualmente sectores provenientes de las capas medias, lo hicieron motivados por posturas democráticas y patrióticas. Desde luego, en esos grandes acontecimientos políticos tuvieron participación sectores de la burguesía, de la propia oligarquía, que desde la oposición burguesa pugnaron por un reajuste de cuentas en el manejo del gobierno.
En fin de cuentas la lucha de las masas, de la organización social, de la izquierda tuvo la fuerza, magnitud y la determinación de derrocar esos gobiernos y, sus debilidades y limitaciones permitieron que esos levantamientos dieran lugar al recambio de la dominación burguesa, al reajuste de cuentas entre ellos.
Antes de 1997 se desarrollaron importantes y valerosas acciones de los trabajadores, los pueblos y la juventud; a cada paquetazo neoliberal las calles y las plazas se llenaban de gritos de protesta, la huelga nacional era la voz de orden. Los combates eran duros y heroicos, los gases y las balas, la persecución y la cárcel, los heridos y los muertos se repetían. Sin embargo el paquetazo pasaba, el neoliberalismo extendía sus tentáculos a cualquier costo. Hasta entonces la capacidad del movimiento popular ecuatoriano tenía el poder de frenar la aplicación total del neoliberalismo: ninguna de las empresas estratégicas pudo ser privatizada: electricidad, petróleo, agua potable, seguro social, pero la flexibilización laboral pasaba así como los impuestos y los reajustes de precios a los combustibles y los pasajes, tanto como la apertura de la agricultura y la economía campesina al libre mercado, a la apertura de las fronteras. Esas grandes jornadas de la lucha popular se resumían como importantes s y valerosas acciones que a pesar de su magnitud y heroicidad no lograban detener el paquetazo.
A partir del derrocamiento de Bucaram en 1997 el movimiento popular se calificó alcanzando connotaciones políticas elevadas que le fueron permitiendo recuperar conciencia de su rol en el proceso histórico social del país. En 2000 cuando el derrocamiento de Mahuad se echó al traste con los vaticinios de que las masas serían capaces de derrocar un gobierno después de 50 años. Los de abajo demostramos que crecíamos en conciencia y organización.
El movimiento popular se viene calificando en su magnitud y su accionar. Participa intensamente en la lucha reivindicativa, está escribiendo en su imaginario la consigna de la “lucha es el camino”. Proyecta sus objetivos y accionar a los combates políticos contra el gobierno, en defensa de los derechos sociales y políticos de carácter general, en oposición a sus políticas antipopulares y antinacionales, como registramos arriba, incluso ha sido el sujeto principal de los levantamientos populares que dieron al traste con los gobiernos de la burguesía. Un signo importante del desarrollo del movimiento popular ha sido y es la capacidad de migrar esas motivaciones y conciencia, su organización y voluntad al combate político electoral, a dejar atrás la manipulación de los partidos de la burguesía, ampliar y crecer en sus expresiones políticas en las elecciones de la democracia representativa. Los sectores populares van avanzando en sus pronunciamientos electorales, en su gran mayoría votan ahora por los partidos y las listas que proclaman el cambio, que se reclaman de izquierda. El triunfo de Lucio Gutiérrez y luego las sucesivas victorias electorales en las que Correa ha sido candidato son evidencia de esta nueva situación en el comportamiento electoral de los sectores populares.
Desde nuestra lectura asumimos este proceso en su contenido, magnitud y forma como el desarrollo de la Tendencia de Cambio que se incubó en la lucha de las masas en contra de la aplicación del neoliberalismo a partir de los 1980, que creció en la confrontación al autoritarismo del gobierno de Febres Cordero, que se enriqueció con el advenimiento de un vigoroso movimiento indígena que cobró protagonismo político a partir del levantamiento de 1990, que se afirmó y dio saltos cualitativos en la década de los 1990, que se galvaniza con el desenvolvimiento de los grandes acontecimientos ocurridos en la primera década del siglo XXI.
La “revolución ciudadana” gobierna para el imperialismo y para los empresarios y banqueros
En los momentos actuales, vale decir durante el gobierno de Correa, han ocurrido acontecimientos sociales y políticos de trascendencia, mutaciones ideológicas en el pensamiento y la acción de las grandes masas populares.
Una primera constatación es que la correlación de fuerzas a nivel electoral y político cambio sustancialmente. La mayoría de los ecuatorianos se expresa en las urnas votando por los candidatos y partidos que proponen el cambio. En el pasado mediato también ocurría esa circunstancia, pero las grandes masas de electores provenientes de los sectores populares se encandilaban con el discurso de los líderes populistas. Ahora la búsqueda del cambio, a nivel electoral, alcanza a discernir, por parte de la mayoría de los trabajadores, a los viejos partidos burgueses y sus candidatos y les niega el voto. El comportamiento electoral de las masas se inclina por el cambio, por los partidos y candidatos que se proclaman de izquierda. Desde noviembre de 2006 se han producido 6 procesos electorales en los cuales se rubrica esa decisión. Evidentemente, se trata de un paso adelante en la subjetividad y la conciencia de las masas trabajadoras. Se trata de un proceso que se desenvuelve independientemente de la voluntad de Correa y Alianza País que buscan encausar esos pronunciamientos electorales en la base social para el populismo, el desarrollismo y el mesianismo político.
Una segunda cuestión es que los viejos partidos burgueses, socialcristianos, socialdemócratas, las diversas expresiones del populismo, los caudillos y dirigentes de esas tiendas que se repetían como candidatos están derrotados, desplazados del gobierno, desenmascarados. La vieja oligarquía y sus representantes tradicionales están fuera del gobierno, sus partidos disminuidos, desarticulados. Todos juegan a la oposición burguesa, buscan reorganizarse, elaborar estrategias y políticas que les permitan recuperar los espacios perdidos. La vieja derecha, la partidocracia está derrotada electoralmente, débil y desarticulada, pugna por retornar al gobierno.
Ha nacido un nuevo partido, Alianza País, que por ahora, tiene las riendas del poder político, la administración de la cosa pública. Es un partido grande y amorfo, en sus filas se cuentan representantes de la derecha y de la vieja partidocracia, demócratas y patriotas encandilados por la personalidad de su líder, socialdemócratas, demócratas cristianos, socialistas, tecnócratas desarrollistas (buena parte de la intelectualidad forjada en la Universidad Católica, la FLACSO y la Universidad Andina), izquierdistas y revolucionarios honrados que se desencantaron de la revolución, el socialismo, de la lucha armada y que pretenden saldar cuentas con sus preocupaciones sociales, su conciencia y su pasado convirtiéndose en hacedores de la “revolución ciudadana” y el “socialismo del siglo XXI”, personas provenientes de todas las organizaciones de izquierda, renegados de su militancia de años juveniles. Se trata de una amalgama en la que predomina el pensamiento de Correa que expresa claramente posiciones sociales cristianas y socialdemócratas. En realidad se trata de una organización piramidal que no admite otra voluntad que no sea la de su caudillo. Los diversos grupos y corrientes que se anidan en su interior sustentan posiciones políticas propias que se subordinan, a pesar de los desplantes, a la voluntad del Presidente, pero que pugnan por afirmar y ampliar espacios. Por sus propuestas programáticas, por su discurso y, principalmente por su práctica política, por su gestión desde el gobierno se trata de un partido político funcional al sistema capitalista, a la dependencia del imperialismo norteamericano, de “una alternativa de cambio” para que nada cambie, para que las cosas sigan como siempre con el ropaje de ser los protagonistas de la transformación y la defensa de la soberanía nacional.
Como hemos señalado muchas veces, inicialmente Correa fue consecuente con su discurso y por eso amplió su base social y el respaldo electoral; sin embargo paulatinamente se alejó de sus propuestas y se empeña en cumplir un proyecto desarrollista con algunas expresiones reformistas: fortalecer el Estado, asumir varias facultades que el neoliberalismo pretendía privatizar, tales como la electricidad, las comunicaciones, la salud y la educación; controlar desde el gobierno las universidades, la seguridad social, la minería, el agua; modernizar el país, ampliar la red vial, los puertos y los aeropuertos; impulsar una política asistencialista de dádivas a los sectores sociales más empobrecidos de la ciudad y el campo; en escala internacional, alinearse con el ALBA sin distanciarse con EE.UU. Es decir afirmar el capitalismo, la dependencia y en ese marco, modernizar el país y desenvolver una obra social que amortigüe las contradicciones fundamentales.
Este Proyecto tiene como sujeto central a la ciudadanía, es decir a las personas que no cuentan con organización social y que por tanto son susceptibles de alinear con un discurso anti oligárquico y patriotero, necesita del voto y la gratitud de los beneficiarios del asistencialismo clientelar. Es una propuesta que enarbola el pacifismo, la revolución del voto para seducir y subordinar a las masas pero que es capaz de reprimir a sangre y fuego todo reclamo que no se conduce “legalmente”; la protesta, la huelga son calificadas de conspiración, de hacerle juego a la derecha. Es un gobierno “de todos”, es un partido sin organización, en el cual sus militantes no tienen posibilidades de debatir. Es un gobierno que pretenden manipular a los sectores sociales desde la institucionalidad, desde los tenientes políticos, los presidentes de las Juntas Parroquiales, los gobernadores que se convierten en los distribuidores de la asistencia y en organizadores del voto, al tiempo que en investigadores del comportamiento social y político de las masas y su dirección, en soplones y persecutores de los luchadores sociales. El proyecto de Correa es incompatible con la existencia del movimiento social organizado, de los sindicatos, de los gremios y las asociaciones; por esa razón, ataca furioso a la organización sindical, la califica de corporativista, de buscar el beneficio para los suyos en detrimento de los intereses de la patria y la nación; fustiga y denigra a los dirigentes sindicales y sociales; dispone que los fiscales y los jueces criminalicen la protesta, hasta ahora suman más de 290 los dirigentes sociales enjuiciados y está encarcelado el Presidente de la FEUE Nacional, Marcelo Rivera.
Después del 30 de setiembre el gobierno de Correa ha acelerado su viraje hacia la derecha y lo ha culminado; gobierna ahora, sin lugar a dudas y de manera integral representa los intereses de los monopolios internacionales de las minas y el petróleo, a los banqueros y grandes monopolistas internacionales, a la oligarquía nativa, a los nuevos ricos que están surgiendo en las filas del gobierno y sus amigos. Afirma un gobierno concentrador del poder político, violenta cuando le conviene la Nueva Constitución, sobre todo en aquellos aspectos que esta garantiza los derechos sociales y políticos. Evidentemente no deja de lado su discurso demagógico y populista, de declararse defensor de los intereses nacionales y del pueblo.
Está empeñado en reformar la Constitución, sobre todo aquellos derechos que la fuerza de la movilización de las masas y el impulso de la izquierda lograron imprimir en la Carta Fundamental a través de la Consulta Popular. Está tomando vuelo el discurso presidencialista respecto de que la Constitución es “garantista”, que dificulta la gobernabilidad y es un lastre para la marcha de la “revolución ciudadana”.
La tendencia de Cambio está vigente, se califica y se desarrollará
Es de rigor preguntarse si la marcha sostenida del movimiento popular, su ascenso y calificación ha sufrido un retroceso luego de la traición de Correa.
Desde una óptica estrictamente teórica, varios analistas sostienen que la izquierda revolucionaria (ellos hablan de la izquierda del siglo XX) quedó rezagada ante el desarrollo vertiginoso de los hechos; perdió el rumbo y fue reemplazada por una izquierda moderna, por nuevos sujetos sociales. Particularmente asumen que en los sucesos del 30 de setiembre la izquierda se equivocó, (aducen el socorrido argumento que los acontecimientos podrían haber tenido un desenlace que termine con el gobierno de Correa, abriendo paso, de nuevo a la derecha), que ese hierro provocó un duro revés del que será muy difícil recuperarse.
Desde las filas de Alianza País y de la palabrería de Correa se insiste en la prédica de la “revolución ciudadana”, “del socialismo del siglo XXI” como la respuesta al atraso y la dependencia del país, a la injusticia social, a la “larga noche neoliberal”; en el sofisma de la inexistencia de la lucha de clases, de la vigencia y la marcha revolución pacífica, etc.
De lado de los oportunistas se habla de estar a tono con los tiempos, de superar los dogmas trasnochados del marxismo, de humanizar el capitalismo, de entender y comprender que la democracia y el bienestar se construyen en el seno del sistema.
Amigos y compañeros de lucha revolucionaria, varios sectores progresistas se plantean la cuestión de que la revolución ha sufrido un gran retroceso, primero con la traición de Gutiérrez y ahora más profundamente con las posiciones y políticas de Correa.
Nosotros debemos tener en cuenta los acontecimientos, sus causas y desarrollo, las perspectivas; debemos mirar los hechos como expresión de la agudización de la lucha de clases, de la exacerbación de las contradicciones de la época.
Ninguno de los acontecimientos trascendentes ocurridos en los últimos años y que hemos pasado revista brevemente, han sido resultado de la casualidad y mucho menos de la voluntad de una o varias personas. En todos ellos está planteada y resuelta la necesidad de superar una circunstancia concreta. La necesidad de frenar la corrupción y el autoritarismo, el deseo de cambio de los trabajadores, los pueblos y la juventud y, sobre todo, la decisión de lucha de amplios sectores populares y desde luego las contradicciones entre los diversos grupos de la burguesía.
Como señaláramos antes la clase obrera, el campesinado, la juventud, los pueblos indígenas fueron protagonistas, lucharon y al hacerlo aprendieron a reconocer a sus verdaderos amigos, a identificar y distinguir a sus enemigos y su naturaleza, la necesidad de la unidad de los de abajo; en sus sectores más avanzados comenzaron a avizorar la perspectiva de la conquista del poder (evidentemente ese aprendizaje es desigual y todavía incompleto).
Ningún proceso social se desenvuelve de manera rectilínea, siempre ascendente y mucho menos la lucha revolucionaria; existen condiciones internas y externas que plantean y obligan a realizar zigzag , a retroceder circunstancialmente para buscar otro camino o alternativa, siempre en función de avanzar; pueden existir reveses, inclusive serias y graves derrotas.
En el caso de nuestro país, venimos sosteniendo que el movimiento popular se caracteriza por un desarrollo sostenido que le permite alcanzar nuevos y nuevos estadios. Esta afirmación no niega los recovecos que se han tenido que recorrer, inclusive algunas derrotas parciales sufridas en el proceso de la lucha, por el contrario, las toma en cuenta. El hecho de tener presente esas circunstancias no cambia el rumbo ascendente del movimiento si valoramos el proceso, las magnitudes y los tiempos.
Luego del reflujo provocado por el derrumbe del Muro de Berlín y la derrota del socialismo real el movimiento obrero y popular inició un proceso de recuperación que se convirtió en ascenso y que estalló en varias crisis políticas analizadas antes. Nadie puede negar que se han superado etapas, que los trabajadores, los pueblos y la juventud ecuatorianos han fortalecido su organización, han luchado de manera intermitente por sus derechos, han tejido importantes niveles de unidad, han esclarecido la conciencia de su papel en el proceso del cambio social. Es también cierto que el movimiento popular adolece todavía de serias debilidades y limitaciones: el nivel todavía pequeño de organización, los limites en la comprensión de su papel en la transformación social, el grado todavía significativo de dispersión, recelos y desconfianza entre los diversos sectores, el débil desarrollo e implantación del partido del proletariado y de otras fuerzas revolucionarias.
Para sustentar estas tesis es pertinente recuperar algunos momentos de estos últimos años:
1.- Luego del derrocamiento de Bucaram en 1997 y de la sucesión institucional por parte de la misma oligarquía y el imperialismo, los analistas sesudos que nunca faltan y desde luego algunos sectores de izquierda y revolucionarios hablaron de la importancia del evento, pero señalaron que era una casualidad histórica que se podría volver a repetir en unos cincuenta años. Efectivamente esa revuelta popular no produjo el cambio esperado, varios sectores sociales y políticos cayeron en el pesimismo. No entendieron que las masas y la izquierda pelearon y aprendieron. Sobre todo los sujetos históricos de la transformación social comprendieron que la lucha podía golpear parcialmente a sus enemigos, permitir pasos adelante. A menos de 3 años, nuevamente los sectores populares, los trabajadores, los indígenas, la juventud echaron abajo al gobierno corrupto y vende patria de Mahuad. Es decir avanzaron, crecieron, se calificaron.
2.- En las elecciones de 2002 el movimiento indígena, una gran mayoría del movimiento popular y la izquierda revolucionaria, PK y MPD apoyaron la candidatura de Gutiérrez a la Presidencia de la República porque representaba a la insurgencia de los militares alzados, porque su propuesta programática exhibía posiciones nacionalistas y democráticas. Por primera vez a lo largo de la historia republicana triunfaba una candidatura apoyada por la izquierda y por los indios, se abrieron grandes expectativas en dirección del cambio social. Como sabemos Gutiérrez traicionó su propia propuesta y a los sectores populares e indígenas que lo apoyaron. Se produjo objetivamente un revés. Los agoreros de siempre vaticinaron que nunca más se produciría una victoria electoral, a nivel presidencial, empujada por la izquierda. Las elecciones de 2006 en las que triunfara Correa y los sucesivos eventos electorales victoriosos son un mentís evidente a esas ideas, son una demostración de que un revés, una inflexión se puede transformar en ascenso, en una nueva victoria.
3.- Cuando Correa asumiendo la prepotencia y el autoritarismo contra los movimientos sociales y la izquierda, las amenazas y los chantajes intento sembrar la incertidumbre y el temor, la idea de que todos debían encausarse en los parámetros de la “revolución ciudadana”; diversos sectores sociales, el movimiento sindical agrupado en las centrales sindicales del FUT y la UGTE entendieron y asumieron inicialmente la resistencia y pasaron luego a la ofensiva, desafiando la política antiobrera del gobierno de Correas. Los estudiantes secundarios realizaron combates generales por sus derechos, los universitarios defendieron la autonomía universitaria y el cogobierno estudiantil. Los maestros han resistido y enfrentado una feroz arremetida gobiernista, desenvolvieron un paro nacional de cerca de un mes y alcanzaron una importante victoria. Los pueblos indígenas a despecho de la ofensiva gobiernista, de los trabajos y políticas divisionistas están de pie, resistiendo y combatiendo. Es decir los trabajadores, los pueblos y la juventud no han podido ser cooptados integralmente por la revolución ciudadana, no ha sido posible su dispersión ideológica y política, continúan la lucha por sus intereses y derechos, sus sectores avanzados por el cambio, por la revolución y el socialismo.
4.- El 30 de setiembre, sobre todo en su desenlace, constituyó un golpe al movimiento popular, a la izquierda revolucionaria. Eso no se puede negar. Pero ni mucho menos ha significado el arrinconamiento. Varios acontecimientos posteriores como el Congreso de la UGTE; las elecciones de UNE celebradas enfrentando una millonaria y agresiva campaña correista vencieron todas las maniobras y significaron un rotundo triunfo del magisterio, de las fuerzas avanzadas y de izquierda que militan en el seno del sindicato magisterial; la reinscripción legal del MPD demostró la confianza de una importante franja de ecuatorianos en las posiciones de la izquierda revolucionaria; en la Asamblea Legislativa la aprobación de las Reformas a la Ley de la Seguridad Social obligaron al gobierno a reconocer los justos derechos de los jubilados; de igual manera ocurrió con la aprobación de la Ley Orgánica de Educación Intercultural. Esto quiere decir que la marcha de los trabajadores y los pueblos continúa, se desarrolla por encima de los designios del gobierno, va abriendo trocha y pronto incorporará a millones de seres y de manera dialéctica va transformando la debilidad en fuerza, los reveses en recuperación, las derrotas en nuevos y nuevos triunfos.
Los elementos señalados demuestran fehacientemente como en determinados momentos y coyunturas la lucha popular crece, obtiene victorias, avanza la conciencia de los sectores sociales involucrados en la lucha y, deviene luego una inflexión, a veces inclusive una derrota parcial; pero sobre todo enseñan que los trabajadores y los pueblos continúan la luchan, recuperan posiciones y en determinadas condiciones avanzan más lejos de donde partieron. Este es el proceso de la lucha social, una marcha con interrupciones, pero, sobre todo, un constante adelantar de posiciones, de ascenso a nuevos y nuevos estadios. Esto está suficientemente claro, la clase obrera, los campesinos, los maestros, la juventud, los pueblos y nacionalidades indígenas lo saben, lo aprendieron en el curso mismo de la lucha. Estas lecciones las asume la izquierda revolucionaria y particularmente nuestro PCMLE.
De todas formas estas circunstancias se refieren a momentos de corta duración, a acontecimientos que se suceden en secuencia, casi inmediatamente uno de otro.
En relación al desarrollo de la Tendencia de Cambio que se viene expresando en el Ecuador, particularmente a partir de la segunda mitad de la década de 1990, es necesario tener en cuenta, de manera multilateral algunos elementos: el curso de la crisis general del capitalismo, de la crisis económica actual, las contradicciones inter imperialistas, el desenvolvimiento de la lucha de clases en los diversos países y continentes, la correlación de fuerzas a nivel internacional; es obligatorio analizar multilateralmente esas mismas circunstancias al interior del país; tener claro el comportamiento de las fuerzas sociales y políticas; analizar el proceso en movimiento, apoyándose en los hechos ocurridos, en el presente y sobre todo poner la mira en la perspectiva.
Hasta la elección de Correa, la realización de la Asamblea Nacional Constituyente, su aprobación en Referéndum y las elecciones ratificatorias de 2009, está suficientemente claro que la marcha del proyecto emancipador de los trabajadores y los pueblos, de la tendencia de cambio expresaba un desarrollo sostenido que registraba avances y retrocesos, un desenvolvimiento que apuntaba a mediano plazo al cambio social, a la revolución y al socialismo.
A partir de la subordinación de Correa a las presiones del imperialismo y de la oligarquía, del viraje hacia posturas antipopulares y antinacionales las masas trabajadoras, los pueblos y nacionalidades indígenas, la juventud, la gran mayoría de los partidos y organizaciones de izquierda, están enfrentando esas políticas.
En esa confrontación la demagogia, la política asistencialista, las amenazas y chantajes, la labor disuasiva, el aparato represivo del gobierno han infringido golpes significativos al movimiento popular y a la izquierda revolucionaria. Desde el lado de los pueblos se han librado batallas trascendentes que les están permitiendo recuperar gradualmente conciencia de la naturaleza del gobierno, de su decisión de gobernar para los poderosos de siempre, en contra del país y los pueblos; esclarecerse, en sus sectores avanzados, respecto de que no pueden esperar nada a su favor de la “revolución ciudadana”, de que sus intereses y derechos, el cambio que necesita y reclama el Ecuador no advendrá de ningún caudillo, no será obsequio de nadie, será resultado de su propia organización y lucha, de que se pueda conquistar y ejercer el poder popular por parte de los trabajadores y los pueblos; también les está permitiendo defender, afirmar y fortalecer la organización sindical y social, construir direcciones de masas consecuentes, ratificar el camino de la lucha frente a la espera de la dádiva, del combate frente al diálogo de sordos; los partidos y organizaciones de izquierda se están poniendo a tono con el desarrollo de los acontecimientos, nuestro partido está disponiendo sus fuerzas y capacidades para enfrentar los nuevos momentos.
El análisis objetivo de estas circunstancias nos plantea que la marcha ascendente de la Tendencia de Cambio está sufriendo una inflexión al tiempo que una calificación de carácter político e ideológico.
Es evidente que apreciables sectores sociales empobrecidos del campo y de la ciudad, que hacen parte de la Tendencia de Cambio, son sensibles a la demagogia y al asistencialismo del gobierno, están reconocidos y sienten gratitud por los favores recibidos, votan por Correa y se pronuncian por él en las encuestas, están encandilados por las políticas que les atañen directamente y forman parte de la base social del gobierno.
Se suman además segmentos de las capas medias, de los pequeños y medianos empresarios, de los profesionales, de la intelectualidad progresista, antiguos electores de la Izquierda Democrática, del Partido Roldosista e incluso de los socialcristianos. En su conjunto un gran porcentaje de electores que estaban inscritos en la Tendencia de Cambio, pero que la entendían y la asumían como la modernización del país, como ciertas posturas anti neoliberales (la no privatización de las áreas estratégicas de la economía: electricidad, salud, agua potable), como la derrota de la partidocracia, es decir como el cambio en el marco del sistema capitalista, en el ámbito de las formas y estilo de gobernar.
Es necesario señalar que un apreciable sector de la Tendencia de Cambio, más allá de la gratitud y el reconocimiento a las políticas asistencialistas está ideologizado por el discurso y la propuesta de Correa, constituye el núcleo duro de los electores de Alianza País, constituye el núcleo duro de la base social del gobierno
Lo que afirmamos quiere decir que la Tendencia de Cambio que se proyectaba a la transformación de las estructuras, a la conquista del poder popular, a la revolución y el socialismo ha sufrido una significativa reducción de su magnitud; que una buena parte de sus fuerzas está inmersa en las redes de la demagogia, del desarrollismo y del reformismo, está atrapada por el discurso y la institucionalidad del gobierno de Alianza País, por las propuestas de la “revolución ciudadana” y del “socialismo del siglo XX”.
La constatación de estos hechos no quiere decir que la Tendencia de Cambio ha desaparecido, que el proceso revolucionario ha sufrido un fracaso estrepitoso, que el movimiento sindical y social de los trabajadores, los pueblos y la juventud esté en crisis, en desbandada; y, mucho menos, como lo aseveran Correa y sus corifeos que el proyecto político de la “revolución ciudadana” esta boyante, creciendo y que durará 300 años. Nada más ilusorio, la experiencia histórica a nivel internacional y de manera particular en el Ecuador nos demuestra que los acontecimientos se suceden con inusitada rapidez, a pesar de los zigzag invariablemente se da paso a nuevas situaciones, casi siempre superiores a las precedentes. No somos voluntaristas y no pretendemos que no existen retrocesos históricos, los reconocemos en el tiempo y en el espacio; pero, ciertamente nunca el proceso de desarrollo social se da por ciclos, con retornos al punto de partida, independientemente de los deseos, la humanidad, la vida se desarrolla en espiral.
Cuando afirmamos que la Tendencia de Cambio durante el gobierno de la “revolución ciudadana”, se va calificando política e ideológicamente, ponemos énfasis en los hechos analizados: la resistencia y defensa exitosa de la organización sindical y social, las batallas ganadas por el movimiento indígena y los maestros, la compresión y los pasos dados alrededor de la construcción de la unidad, la afirmación y desarrollo de las organizaciones y partidos de izquierda revolucionaria, el desenmascaramiento ante importantes sectores de las masas de la traición de Correa, de su condición de ser uno más de los gobiernos que sustentan y defienden al capitalismo y a la dominación imperialista.
Esto quiere decir que la Tendencia de Cambio está vigente, cuenta con fuerzas organizadas y dispuestas a la lucha, tiene reservas entre los inconformes y rebeldes y sobre todo registra grandes potencialidades.
La revolución es tarea de las generaciones presentes
La lucha de los trabajadores, los pueblos y la juventud ecuatorianos prosigue y un día culminará la primera gran tarea, derrocar al capitalismo y al imperialismo, implantar el poder popular e iniciar la construcción de la nueva sociedad, la sociedad de los trabajadores, el socialismo.
Esta no es una afirmación voluntarista basada en los deseos de los revolucionarios proletarios, de los comunistas. La revolución es un hecho concreto, es un fenómeno social y político que se produce en determinadas condiciones históricas, que no se puede acelerar ni detener por la voluntad de los hombres.
Las condiciones para que la revolución se produzca en el Ecuador de nuestros días existen de manera objetiva y son, en lo fundamental:
El desgaste, descomposición y decadencia del sistema capitalista que torna necesaria y urgente su superación. Es decir la revolución y el socialismo son una necesidad histórica. Lo necesario debe cumplirse ineluctablemente. Esta es la experiencia histórica: ninguna situación es eterna, inmutable, todo tiende a ser negado por su contrario, todo gran salto de la humanidad significa la superación de un estadio por otro, superior, que lo niega y lo reemplaza.
La revolución social no es consecuencia de un decreto, de la decisión de una personalidad, de un grupo de personas, ni siquiera de la voluntad de un partido político; la revolución es “una gran hazaña en la que participan millones de seres humanos que se involucran de manera consciente y voluntaria”. En el Ecuador de nuestros días existen los sujetos históricos de la revolución, la clase obrera, el campesinado, la juventud, los pueblos y nacionalidades indígenas y negros, el pueblo mestizo; parodiando a Marx existen los enterradores del capital, los proletarios.
Los protagonistas de la revolución social están de pie, luchando por sus derechos, avanzan en la conformación y desarrollo de un proyecto emancipador, van superando debilidades y limitaciones, vienen de librar continuos combates reivindicativos y políticos, van asumiendo una mejor conciencia de su propio rol en la lucha liberadora, van afirmado su organización social y política, están avanzando en comprensión de la unidad y en la forja de los instrumentos para las batallas conjuntas, tienen la decisión de continuar la lucha y en sus sectores más avanzados orientan sus esfuerzos a la gran tarea de la conquista del poder. Para cumplir con esas tareas las masas trabajadoras, los pueblos y la juventud ecuatorianos tienen a su haber una significativa tradición de lucha, cuentan con el legado de los combatientes sociales del 15 de noviembre de 1922, del 28 de mayo de 1944, de los levantamientos populares que echaran al basurero de la historia a los gobiernos corruptos de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez.
Prevalecen condiciones internacionales favorables para el desarrollo del proceso revolucionario en el Ecuador y otros países de América Latina y el mundo. La Tendencia de Cambio que tiene expresiones y vigencia en el país se manifiesta también en otras latitudes. Inevitablemente, la cadena de dominación del imperialismo se romperá por el eslabón más débil y en la sociedad ecuatoriana se tensan y agudizan las contradicciones de clase avizorando la existencia de uno de los eslabones débiles de la dominación el capitalismo y del imperialismo.
La revolución en nuestro país tiene a su haber la existencia y el accionar del partido revolucionario del proletariado, de nuestro PCMLE. Desde 1964 cuando naciera el Partido se involucró directamente en la vida y la lucha de la clase obrera, del campesinado y la juventud. La trayectoria del partido está vinculada al constante aprendizaje de la doctrina revolucionaria del proletariado, a la asimilación del marxismo leninismo, de sus principios de validez universal, a la labor de conocer la situación del país y de las masas trabajadoras, los cambios cuantitativos y cualitativos de la correlación de fuerzas, al esfuerzo por interpretar esos fenómenos y trazar la estrategia y las tácticas de la revolución ecuatoriana, a la determinación de vincularse ideológica, política y orgánicamente a las masas, a comprometerse con la lucha política revolucionaria.
“La revolución no se hace, se organiza”
Si apoyándonos en el marxismo leninismo sostenemos que la revolución requiere de condiciones objetivas y subjetivas para producirse y que no se puede dar por la acción y labor de un caudillo, por la voluntad y el deseo de los revolucionarios, también afirmamos enfáticamente que la revolución social no se produce espontáneamente, que necesita ser organizada, que esa labor le corresponde al partido revolucionario del proletariado, al partido marxista leninista.
Del análisis precedente concluimos seguros que en las condiciones actuales es posible, sí se puede organizar y hacer la revolución; que ese proceso está en marcha.
En definitiva, el presente y el futuro de la revolución están asegurados. Está planteada la necesidad, viven los protagonistas de esa gran hazaña, están afirmándose y creciendo en su organización, se encuentran decididos a continuar y empinar la lucha por la conquista del poder popular, existe y se desarrolla la vanguardia política, el partido revolucionario del proletariado, el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador
Ecuador, enero de 2011.
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