domingo, 14 de agosto de 2011

ENERO Y FEBRERO DE 2001, NUEVO LEVANTAMIENTO POPULAR, UN NUEVO JALON DE LA LUCHA REVOLUCIONARIA.

ENERO Y FEBRERO DE 2001, NUEVO LEVANTAMIENTO POPULAR, UN NUEVO JALON DE LA LUCHA REVOLUCIONARIA.[1]

(Escrito y publicado en febrero de 2001 luego de que en el país estallara un levantamiento popular que se planteó como la continuación del levantamiento que derrocara a Mahuad)

 En el Ecuador de los últimos años se registra un importante ascenso de la lucha de las masas cuya tendencia es crecer, adelantarse, expresarse en grandes estallidos sociales. A nuestro juicio ese ascenso puede y debe convertirse en un auge de la lucha revolucionaria, puede enrumbarse a la insurrección popular. Para eso trabajamos los revolucionarios proletarios.
 Las condiciones objetivas para  esa fenomenología de la lucha de clases existen y maduran constantemente.
Hace un año al examinar el levantamiento popular del 21 de enero decíamos: “La recesión económica que vive el país no tiene salida inmediata: factores económicos, sociales y políticos internos: el servicio de la deuda externa, la cartera vencida de los bancos, las deudas de las empresas,  la corrida de los precios hasta la eliminación de los subsidios y a los niveles internacionales; el desempleo, la inflación, la pérdida de la capacidad de compra de las masas, etc.;  así como factores externos como la disminución del precio de la producción exportable, la libertad de comercio, no solo que no aliviarán la situación sino que la agravarán. La competencia de las grandes empresas extranjeras, quebrará la incipiente industria nacional”.
Los hechos confirman estas apreciaciones, la crisis económica que vive el país no está resuelta y menos a favor de las clases trabajadoras y de los pueblos. La prédica de que estamos mejor, de que se estaría expresando una reactivación económica  no tiene ningún sustento objetivo. En realidad el único factor que detiene la bancarrota del país es la elevación del precio del petróleo.
La “ingobernabilidad” no es sino la expresión de la crisis política, del deterioro de la institucionalidad burguesa.
Las condiciones subjetivas para que se produzca una nueva oleada revolucionaria están dadas por la situación del movimiento popular ecuatoriano, por la reanimación del movimiento obrero y sindical, por la dinámica del movimiento campesino; por el desarrollo del movimiento indígena; por el vuelo que cobra la incorporación de importantes sectores de la juventud, principalmente estudiantil, a la lucha social; por la existencia y la trayectoria de las organizaciones y partidos políticos de izquierda y revolucionarias; por el crecimiento del anhelo de cambio, por el estado de ánimo y el grado de conciencia de las masas populares. Son precisamente estas circunstancias las que generaron y explican el nuevo estallido social ocurrido en enero y febrero del presente año.
De un lado, los propósitos del imperialismo, de las clases dominantes y del gobierno por resolver la crisis a favor de los monopolios y las oligarquías se expresaron en el nuevo paquetazo económico de diciembre de 2000. Mediante esas medidas económicas se elevaron los precios de los combustibles, del gas de uso doméstico, de los pasajes, de los servicios de luz, agua, teléfonos y se pretende una nueva elevación de los impuestos a través de la llamada reforma tributaria.
De otro lado los trabajadores y los pueblos del Ecuador no se resignaron a soportar tales medidas y se aprestaron a la lucha contra ellas.
A partir del 2 de enero hasta el 7 de febrero se desarrollaron en el país grandes movilizaciones urbanas y rurales, de los trabajadores y campesinos, de los maestros y los estudiantes, de los mestizos y los indios.
Fueron 7 semanas de combates populares que se dieron en todo el país, los de mayor duración registrados en los últimos años.
Uno de los grandes actores de estas batallas fue la juventud. Los estudiantes secundarios y universitarios salieron a las calles, prácticamente, en todas las ciudades, se manifestaron combativamente, asumieron frontalmente la causa de los trabajadores y los pueblos. Fueron reprimidos con gases, bala, persecución, cárcel y tortura. Eran miles de jóvenes estudiantes que mostraron el coraje y la rebeldía, el valor y el idealismo, la heroicidad y la abnegación. Principalmente eran los muchachos y muchachos, activistas de la FESE y de la FEUE, de la Juventud Revolucionaria del Ecuador sensibilizados por la opresión y la explotación, por   la injusticia y el abuso; en el proceso, cientos y miles de muchachos se incorporaron y combatieron con denuedo.
Los trabajadores de la ciudad y el campo agrupados en las diversas centrales sindicales, los maestros, los pequeños comerciantes, los sectores democráticos y patrióticos se manifestaron en las calles y las plazas del país.
El 10 de enero tuvo lugar una concentración de fuerzas del movimiento popular: en todas las ciudades del país se desarrollaron combativas y masivas manifestaciones, marchas y combates callejeros. La unidad de los trabajadores y de los otros sectores populares se expresaba en la lucha, en el enfrentamiento a la soberbia gubernamental, se afirmaba en el debate y los acuerdos.
El 13 de enero tenía lugar en Quito la Asamblea Nacional Unitaria de los Trabajadores y los Pueblos del Ecuador. Fue un evento convocado por todas las fuerzas sociales y al que acudieron la inmensa mayoría de los sectores populares organizados con excepción de la dirección de la CONAIE. Fue una Asamblea donde se destacaron las posiciones combativas y unitarias de las diversas fuerzas sociales y políticas. Fue la expresión y la decisión de continuar la lucha hasta el 7 de febrero con una gran acción nacional.
La Asamblea Nacional Unitaria se constituyó en centro de convergencia de todos los sectores sociales organizados, las centrales sindicales, los sindicatos independientes, las organizaciones campesinas, barriales, de comerciantes minoristas, las organizaciones estudiantiles, secundarias y universitarias, los maestros, los militares que protagonizaron el levantamiento del 21 de enero y sus diversas organizaciones, los partidos, organizaciones y movimientos de izquierda, varias organizaciones indígenas y de negros. La discusión desarrollada demostró el espíritu unitario, la disposición de poner en primer plano el combate al paquetazo fondomonetarista, la oposición al gobierno neoliberal de Noboa y la búsqueda de que estos espacios unitarios vayan más allá de la acción concreta y se proyecten hacia una propuesta política programática. La Asamblea y sus acuerdos evidenciaron la disposición de los trabajadores y los pueblos del Ecuador de continuar la lucha iniciada el 2 de enero, generalizarla a todos los confines del país, de desplegar las banderas de la unidad y de la lucha.
La Federación Única de Afiliados al Seguro Social Campesino (FEUNASC) convocó una jornada de toma de carreteras para el 18 de enero que se cumplió de manera combativa en varias provincias de la Sierra, la Costa y el Oriente. En tanto que los pequeños comerciantes se manifestaban en las principales ciudades, convocados por la CUCOMITAE (Coordinadora Unitaria de Comerciantes Minoristas y Trabajadores Autónomos del Ecuador).
El 21 de enero tuvieron lugar en el país  acontecimientos masivos para conmemorar el levantamiento del año 2000 y ratificar la decisión de seguir el combate contra el paquetazo fondomonetarista.
La CONAIE anunció un levantamiento campesino a partir del 22 de enero, que se inició de a poco y fue creciendo hasta alcanzar grandes magnitudes.
El levantamiento indígena se expresó con la interrupción de vías en las provincias de Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi, Bolívar, Chimborazo y más adelante Pichincha; en tanto que en las provincias amazónicas de Pastaza, Napo y Sucumbíos se realizaban acciones de cierre de vías y marchas urbanas unificadas con el movimiento popular.
Un importante contingente de indígenas se movilizó hasta Quito y se instaló en los predios de la Universidad Salesiana constituyéndose en un punto de dirección del levantamiento indígena y de referencia para el movimiento popular y para la represión gubernamental.
La lucha conmocionaba  social y políticamente al país y afectaba significativamente al aparato productivo, principalmente al transporte y a las exportaciones.
El gobierno hablaba de que las medidas no eran negociables y reprimía con dureza las manifestaciones populares e indígenas. Decreto el estado de emergencia y suspendió las garantías individuales.
Las fuerzas burguesas de fuera del gobierno desde siempre mantuvieron un acuerdo con las medidas económicas y con las posturas de Noboa de resolver el problema. Ninguno de los partidos políticos burgueses se pronunció a favor del levantamiento. Los sectores más reaccionarios, entre ellos, los representantes de las cámaras de la producción clamaban por una escalada represiva, porque se imponga el orden a como dé lugar. Algunas voces pidieron el diálogo, la solución negociada, pero insistían en la necesidad de preservar la institucionalidad y la “paz” de la república. En esta oportunidad el movimiento popular encontró unificados a los diversos sectores burgueses, el imperialismo norteamericano, abiertamente a través de la Embajada, ponía orden entre sus socios y sirvientes.
Como consecuencia de la represión de las fuerzas armadas y de la policía fueron asesinados a mansalva 5 compañeros, tres campesinos, un artesano y un estudiante y heridos varias decenas de combatientes indígenas y populares.
Los acontecimientos de Tena, en la provincia de Napo constituyeron la expresión más elevada del levantamiento popular. La gran mayoría de los pobladores se indignaron por el asesinato de un colono en Puerto Napo y de manera masiva se tomaron la ciudad y avanzaron hacia el aeropuerto al que asaltaron, desalojando a los militares. Fue una acción valerosa en la que participaron hombres y mujeres, jóvenes y viejos, un verdadero levantamiento popular. Esta es una muestra de la capacidad de combate  del pueblo, de la iniciativa de las masas para desarrollar diversas formas de enfrentamiento a las fuerzas armadas, para sortear los obstáculos y avanzar en oleadas hasta el objetivo trazado, de la ira popular y de la decisión  de vencer; en estos combates se destacaron expresiones de coraje y de solidaridad, combatientes y jefes.
En enero y febrero se produjeron grandes expresiones de lucha de los trabajadores y los pueblos del Ecuador, un nuevo levantamiento indígena que concluyeron el 7 de febrero con la firma de un acuerdo entre los indígenas y el gobierno y grandes manifestaciones convocadas por el Frente Patriótico.
Fueron grandes batallas populares, un levantamiento indígena que finalmente se negociaron como un pliego de peticiones en el cual se mediatizaron los grandes objetivos de los protagonistas por la rebaja del precio del gas doméstico en 40 centavos y las ofertas de unas mesas de diálogo que darían respuesta a los problemas de los pueblos indios, principalmente la atención  a necesidades de carácter local y de desarrollo de obras comunitarias, así como espacios y repartos a la dirigencia indígena en los Organismos de Desarrollo como el CODENPE (Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y los Pueblos del Ecuador) y el PRODEPINE (Proyecto de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador).
Al analizar las luchas de enero y febrero debemos destacar el valor y el coraje de la juventud, de los sectores populares y de los indígenas. Fueron jornadas de carácter general, cuyo escenario fue, de manera intermitente todo el país, pero que se concentraron en la primera parte en las ciudades capitales de provincia de la Sierra y el Oriente y en la segunda parte en las carreteras de las provincias centrales.
El nivel de la lucha, en algunos lugares y momentos fue significativamente alto. Los muchachos combatían utilizando la piedra y la molotov, eran perseguidos, apresados y torturados y volvían a la carga. Avanzaron en el dominio de la lucha callejera. Apresaron a miembros de la fuerza pública y buses del transporte público y los cajeaban con los muchachos detenidos. En algunas ciudades como Quito, Cuenca y Riobamba la magnitud de las movilizaciones estudiantiles marco niveles extraordinarios no vistos antes, eran decenas de miles de manifestantes.
Los indígenas y los campesinos mestizos demostraron en buena parte de los enfrentamientos su espíritu unitario y combativo, enfrentaban masivamente, armados de picas y palos la embestida militar, eran oleadas de hombres, mujeres y niños que de manera temeraria avanzaban por las carreteras, llevando como escudo sus pechos y el coraje, eran voces que atronaban el aire entonando su esperanza; en algunos lugares hicieron retroceder a las fuerzas armadas, en otros fueron víctimas de atropellos físicos, de los gases, la bala, la persecución y el apresamiento;  en varios sitios apresaron a miembros de la fuerza pública y los canjearon con sus compañeros presos, se tomaron algunas ciudades en las cuales recibieron la simpatía de los pobladores. En la Provincia de Chimborazo obligaron a un Coronel del Ejército a firmar con la Comunidad un pacto de no agresión.
 A diferencia de enero del 2000 el movimiento indígena actuó esta vez mejor unificado. Luego del fracasado levantamiento de septiembre del 2000, recuperaron sus fuerzas, reconstruyeron en gran medida su unidad. Lo principal de él, la CONAIE, la FEINE y la FENOCIN se unificaron a nivel de dirección y de base. La unidad del movimiento indígena y las fuerzas del Frente Patriótico tuvieron expresiones positivas y también adolecieron de falencias y desencuentros.
 En la Provincia de Chimborazo, la de mayor población indígena se constituyó una Coordinadora que integró a la CONAIE, a la FEINE y al FRENTE PATRIÓTICO y que asumió la conducción de la lucha con iguales responsabilidades.
 Durante las jornadas de lucha en Cotopaxi, Pastaza y Napo las acciones llegaron en sus más altas expresiones políticas a la elección de gobernador. En Cotopaxi se designó como para ese cargo al Presidente de la FEUE y en Pastaza al Presidente del Comité Popular de Shell, ambos integrantes del Frente Patriótico; en Napo se nombró a un representante del pueblo de Tena.
 Nuevas iniciativas y formas de lucha se hicieron evidentes en estas grandes jornadas de lucha. Ellas mismas se constituyeron en nuevas experiencias de la lucha popular, en demostración de las capacidades y las potencialidades de los trabajadores y los pueblos del Ecuador en el proceso de su liberación social y nacional.      
 Como resultado de estas acciones se afirmó en la conciencia de buena parte de los trabajadores y los pueblos del Ecuador el papel de la lucha como medio y camino para alcanzar conquistas y derechos, la necesidad de la unidad como garantía para avanzar y vencer. Estos elementos de la subjetividad fueron bombardeados por la burguesía a través de todos los medios, proclamando la necesidad de “luchas responsables”, que  respeten la propiedad privada; proclamaban el derecho al reclamo enmarcado en las leyes y sobre todo la validez del diálogo, de los consensos para alcanzar las reivindicaciones y sobre todo para superar la crisis, de la cuál según, ellos todos somos responsables y tenemos que sacrificarnos para dejarla atrás. La lucha popular tuvo la virtud de echar, en buena medida, al traste con estas pretensiones.
 Los resultados finales, sobre todo, la firma de los acuerdos entre el gobierno y la dirigencia indígena fueron celebrados por el gobierno como el triunfo del diálogo y la razón, criticados por la reacción más retardataria como concesiones peligrosas, calificados por los dirigentes indios como una victoria de los pueblos del Ecuador. En realidad fueron acuerdos mediatizados en los que se disminuyeron las demandas y se ató el movimiento indio a las ofertas gubernamentales que se cumplirán parcialmente y en el largo plazo. Las famosas mesas de diálogo que como consecuencia de esos acuerdos están funcionando, no constituyen otra cosa, que una cortina de humo para tapar los problemas, no son sino maniobras para mantener embelesados a los dirigentes, para dividir al movimiento indio en torno a las cuotas administrativas en los organismos de desarrollo, para mediatizar la lucha y tratar de comprar y corromper a los dirigentes con prebendas.
 Estas circunstancias  hacen  patente en la subjetividad popular, sobre todo en los sectores más avanzados, la necesidad de contar con una dirección consecuente que sepa sintetizar las demandas de las bases, descifrar y trazar los caminos, conducir las luchas en todas sus formas y manifestaciones y sobre todo, mantener con firmeza y decisión los mandatos y resoluciones de las masas de combatientes. Está clarificándose en la conciencia popular que una dirección de esas características  se forja en medio de la lucha, en el proceso del debate, en el curso de la vida de las organizaciones sociales, nacionales y políticas.
 Los revolucionarios proletarios tenemos la disposición de asimilar las lecciones que nos dejan estas nuevas jornadas de lucha. Ellas nos muestran que el proceso de la revolución ecuatoriana continúa su marcha, que la lucha de las masas está en ascenso y más temprano que tarde se expresará en auge de la lucha revolucionaria. Depende de los trabajadores y los pueblos, de los revolucionarios, no equivocarnos en el análisis y en las directrices, continuar la lucha y saber enfrentar los problemas y resolverlos en el camino.
 La historia reciente del movimiento popular nos deja nuevas lecciones, la principal de ellas, que debemos esforzarnos por construir un proyecto de carácter popular y nacional que integre a los trabajadores y a los pueblos, a los obreros y campesinos, a los maestros y pobladores pobres de las ciudades, a los pequeños comerciantes y los artesanos; a los mestizos, los quechuas y demás pueblos indios, a los negros; a los hombres y mujeres, a los jóvenes y viejos; a los patriotas y demócratas; a las organizaciones y partidos políticos de izquierda y revolucionarios.
 Ese proyecto tiene que ser obra de todos, del debate franco  y fraternal que nos una en la acción y en la propuesta, en el planteamiento actual y en la perspectiva. Ese proyecto debe plantearse un nuevo Ecuador, una Patria nueva, la refundación del país, es decir la liberación de la dominación de las oligarquías y del imperialismo, la liberación social y nacional; debe conquistar el poder popular, es decir el gobierno de los trabajadores, el gobierno de los pueblos en beneficio de sí mismos; debe implantar la democracia de masas, es decir la libertad individual y colectiva, los derechos de los pueblos y de las personas; ese proyecto no podrá cristalizarse sin superar el capitalismo, sin derrocarlo y reemplazarlo por el socialismo, esa gran tarea no podrá cumplirse sin el uso legítimo de la violencia revolucionaria.
 Los trabajadores y los pueblos del Ecuador, el bloque popular está en marcha: tiene al frente a los izquierdistas y revolucionarios, a los comunistas y los patriotas, a las organizaciones sociales y sindicales, nacionales y populares, exhibe como sus emblemas a la bandera roja de los trabajadores, a la bandera tricolor del pueblo ecuatoriano y a la huipala, bandera de los pueblos indios, tres estandartes y una sola causa, la liberación social y nacional, el poder popular y el socialismo, el hombre nuevo y la Patria Nueva. 
Febrero de 2001



[1] Análisis de las últimas jornadas populares. 


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