domingo, 14 de agosto de 2011

EL PARTIDO COMUNISTA Y LA GUERRA IMPERIALISTA.



Pablo  Miranda

EL PARTIDO COMUNISTA Y LA GUERRA IMPERIALISTA.



Ponencia  presentada en el Seminario Comunista de Bruselas
Mayo de 2004. Se analiza el curso de la guerra imperialista contra los trabajadores y los pueblos.


En el propósito de afirmar y garantizar su hegemonía, el imperialismo norteamericano está empeñado en utilizar todos los recursos y medios, económicos, políticos y militares de que dispone.
Después del 11 de Setiembre  fabricó las justificaciones para llevar la guerra imperialista y el terrorismo a todos los países, principalmente a aquellos que calificó como integrantes del “eje del mal”. En esa dirección apuntó a Afganistán, Irak, Corea del Norte, Cuba, Irán, Siria, entre otros.
También amenazó a aquellos países donde se afirma y crece la lucha de los trabajadores y los pueblos por la emancipación social y nacional, donde la lucha armada revolucionaria es una alternativa empuñada por los pueblos, a Colombia, Filipinas y Nepal.
Repartió “células terroristas” en varios países, de todos los continentes y conminó a sus gobiernos a prosternarse sumisamente a sus inspecciones.
Simultáneamente elaboró una serie de leyes, reglamentos y acuerdos que le otorgan patente de corzo para llevar sus agentes militares y garantizar su impunidad a los países donde presupone existe la amenaza para su seguridad.
Respecto de los otros países imperialistas, a todos los cuales, rebasa en grandes distancias, en el ámbito económico, comercial y militar, se planteó incorporarlos a su tren belicista, a través de alianzas convenidas y o impuestas, debido a la magnitud de su poder; y,  en otras eventualidades, se propuso, disuadirlos de una oposición intransigente mediante acciones de hecho, de prepotencia.
Los monopolios imperialistas están llevando la guerra a su propio territorio, contra el mismo pueblo estadounidense al que someten a medidas de excepción, vigilancia, allanamientos, prisiones sin formula de juicio, etc., a pretexto de precautelar la eventualidad de nuevos ataques terroristas.
La hegemonía yanqui pretende extenderse por todos los continentes y países, implantar su dominio económico, ideológico y político. La condición indispensable para asegurarla es la opresión política y militar de los paises dependientes, los nexos económicos, las reglas y las leyes que lo beneficien en todas las naciones;  la imposición de gobiernos títeres, de ejércitos incondicionales; y, la justificación ideológica y política. Esa pretension exige también impedir que puedan surgir rivales en capacidad de disputar y eventualmente cambiar esa hegemonía, torna necesario poner distancias con los otros países imperialistas, retardar su desarrollo económico, absorber sus empresas, para lo cual se plantean las fusiones; disuadirlos de eventuales aventuras militares, demostrar su omnipotencia bélica.
Las acciones de guerra de la maquinaria norteamericana tienen el propósito de asegurar las fuentes de energía, principalmente, el petróleo; los lugares y regiones estratégicos; las reservas de agua dulce.
Todo confluye a demostrar la superioridad y la supuesta invencibilidad de los Estados Unidos,  hacer saber al mundo que la superpotencia tiene las de ganar, que todo intento de oponerse es una empresa  inútil, que será derrotada.
Esa hegemonia actual del imperialismo norteamericano no es eterna ni su poderio militar es invencible. Esta carcomida por la crisis estructural. Esta amenazada por la resistencia y la lucha de los trabajadores y los pueblos de todos los paises, por la disputa de los otros bloques y paises imperialistas. Es evidente por tanto, que existe el peligro de una nueva guerra mundial, se la prepara abiertamente por parte de los diversos bloques y paises imperialistas.
El imperialismo por naturaleza es  guerrerista. Los imperialistas norteamericanos pretenden, mediante la guerra y el terror  afirmar su hegemonía, erigir un <<imperio de mil años>>.
Los hechos enumerados sucintamente demuestran que la guerra imperialista contra los pueblos, es un hecho.

La guerra imperialista es un hecho cierto

Una  cuestión que debemos tener clara los comunistas, que compromete nuestra posición y actividad tiene que ver con el análisis estratégico de la guerra imperialista y la lucha revolucionaria de los trabajadores y los pueblos.
Para nosotros está clara y tiene vigencia plena la tesis leninista de oponer la guerra revolucionaria a la guerra imperialista.
Sólo la revolución social del proletariado puede detener exitosamente y de manera duradera la guerra imperialista. Los monopolios no van a renunciar a su expansión militar sino son impedidos por la fuerza de los trabajadores. La historia del siglo XX testimonia la veracidad de estas afirmaciones.
Ciertamente, las condiciones actuales del movimiento revolucionario de la clase obrera y los pueblos, de los partidos comunistas no nos permiten poner a la orden del día la tarea de hacer la revolución, pero, plantean la necesidad de persisitir en su organizacion y de preparar las batallas finales por la conquista del poder.
El reflujo que impactó a la organización y la lucha de la clase obrera, de los pueblos, de los revolucionarios y los comunistas tocó fondo. En la gran mayoría de países de todos los continentes el movimiento de masas se está recuperando, tomando impulso; en algunos países y regiones podemos hablar ya de un asenso de la lucha de los trabajadores. Esa situación advendrá, de manera desigual, en un auge de la lucha social, en una nueva oleada revolucionaria.
Esto quiere decir que los comunistas tenemos la obligación y la responsabilidad de educar y conducir a la clase obrera hacia los objetivos estratégicos de derrumbar el mundo del capital y erigir la sociedad de los trabajadores.
Hoy en día, en todos los países, los comunistas enfrentamos la tarea de acumular fuerzas, de implantarnos en la clase obrera, en la vida social y política de la sociedad, de construir un poderoso movimiento de masas revolucionario, de fortalecer la organización del Partido y de adelantar los trabajos de la violencia revolucionaria.
En este proceso, enfrentamos, actualmente, la guerra declarada por el imperialismo norteamericano en contra de los trabajadores y los pueblos, en contra de la humanidad.

¿Qué hacer frente a la guerra imperialista?

                                          I

Sin perder de vista los objetivos estratégicos los comunistas debemos asumir posturas concretas frente a este problema. Los trabajadores y los pueblos, los demócratas y patriotas, los revolucionarios y los comunistas tenemos responsabilidades que cumplir y las debemos asir con decisión.
Nos proponemos desenmascarar la naturaleza agresiva y rapaz de esa guerra, desbaratar la supuesta legitimidad esgrimida por la administración Bush.
Las falacias de la defensa de la democracia y la libertad deben ser contrastadas con la denuncia de los crímenes del imperialismo en todos los países y en diversas épocas.
La tesis de la guerra preventiva para castigar a los países que apoyan a los terroristas, a los Estados que poseen o intentan apropiarse de armas de destrucción masiva, debe ser denunciada como un engendro fascista que pretende justificar un poder omnipotente.
Los  preceptos del “destino manifiesto”, del “combate al terrorismo” deben ser evidenciados como una artimaña ideológica para la justificación de  la política criminal del imperialismo norteamericano.
La “amenaza” de la guerra santa promovida por el Islam, “la guerra de las civilizaciones”, el “peligro para el Occidente” deben ser desmentidos, evidenciados como argumentos de los guerreristas norteamericanos.
Los imperialistas deben ser denunciados como los promotores de la guerra y el terrorismo, como los poseedores de armas de destrucción masiva, como los depredadores del medio ambiente, como los beneficiarios de las invasiones.

                                                 II

La ofensiva ideológica revolucionaria que puntualizamos arriba debe dirigirse a la clase obrera, a los otros sectores populares, al campesinado y a la juventud; debe ampliarse a las extensas capas medias de la población, a los sectores democráticos y progresistas, a todos los amantes de la paz.
Se trata de desenmascarar los crímenes de lesa humanidad y existen las condiciones para involucrar en esas posiciones y actividades a amplios sectores sociales.
Las experiencias de las acciones contra la agresión norteamericana a Irak, las masivas expresiones acaecidas en la gran mayoría de países, incluidos los propios Estados Unidos muestran el desarrollo de un vasto Movimiento Contra la Guerra que moviliza a millones de personas en todos los continentes; que evidencia gran  vigor y sobre todo potencialidad.
Para los comunistas está claro que una gran parte de los sectores movilizados lo hace a partir de posiciones humanitarias, que no se oponen a la esencia del imperialismo y el capitalismo, que pretenden distinguir “núcleos guerreristas” y “hombres de bien”, “halcones” y “palomas” entre los círculos gobernantes. Está suficientemente explícito  que otra parte de los opositores a la guerra imperialista está animada por posiciones reformistas y socialdemócratas que pretenden conducir el Movimiento hacia objetivos pacifistas, exclusivamente. Es evidente que no se trata de una movilización revolucionaria, que se propone derrocar la dominación imperialista.
Teniendo en cuenta esta situación, apuntamos a la potencialidad del Movimiento, al impacto que infringe al imperialismo, a su política de agresión y por eso lo inscribimos como una parte de la actividad revolucionaria, como una de las formas de acumulación de fuerzas.
Por eso nos involucramos activamente en el Movimiento contra la guerra, nos proponemos llevar a esos amplios sectores, las políticas y las propuestas del proletariado revolucionario, disputar la conciencia, la organización y la acción de decenas de miles de personas que se oponen a la guerra imperialista.
Para avanzar en este propósito es necesario tener presente que nuestra actividad debe ir más allá de la propaganda, debe incluir la participación de todo el partido y sus fuerzas, de la base social de la revolución y, tambien de otras fuerzas progresistas, de izquierda y revolucionarias. Para afirmar y desarrollar un espacio revolucionario en ese movimiento hay que sumarle iniciativas, direccionalidad y fuerzas.

                                         III

 Los norteamericanos tuvieron un éxito militar relativamente rápido, pero muy costoso en Irak; derrocaron el gobierno de Saddam Hussein, ocuparon el territorio y pretenden establecer un gobierno títere. Cuestiones similares pudieron hacer antes en Afganistán.
La expropiación del petróleo, la reconstrucción del país, la recuperación económica de las cuantiosas inversiones de la guerra no se puede cumplir debido a la lucha de los pueblos de Irak.
En el suelo iraquí se están escribiendo heroicas acciones de resistencia a la ocupación extranjera. Las masas chitas y sunitas, una buena parte de los kurdos están de pie, luchando con todas sus fuerzas  y energías contra los invasores.
Ya no se trata de la resistencia, los niveles de la lucha tienen otra dimensión. En Irak se está desarrollando una guerra popular contra los norteamericanos y las fuerzas de la Coalición, inglesas, italianas, polacas, australianas; contra el ejército títere. Son acciones de guerra de los más diversos sectores, de los clérigos, de las mujeres,  de los ancianos y los niños, de los hombres del pueblo, de los milicianos de diversas organizaciones militares. Son manifestaciones, acciones de sabotaje y combates abiertos y frontales.
Se confrontan las tropas mercenarias con los patriotas, los invasores contra los dueños del país, los terroristas contra las masas. Es previsible que el poder armado y el terrorismo de los ocupantes infrinja serios golpes a las fuerzas patrióticas de Irak, pero no las derrotará definitivamente, una y otra vez resurgirán y cada vez más poderosas. Es una guerra desigual, los imperialistas están armados hasta los dientes, los iraquiés tienen la fuerza y la vitalidad del patriotismo, las armas que arrebatan a los invasores. Esa inferioridad militar será superada por la fortaleza política de un pueblo decidido a expulsar a los invasores.
En Irak está cambiando el curso de la Historia. Estamos asistiendo a un proceso en desarrollo, al accionar de millones de combatientes que un día alcanzaran la victoria.
Los comunistas debemos levantar la solidaridad militante con la guerra popular que desenvuelven los patriotas en Irak. Allí se está librando una batalla por la vida, por la revolución. Allí se infligirá una derrota al imperialismo norteamericano. Allí lucharemos y triunfaremos los revolucionarios, los trabajadores y los pueblos. 

                                         IV

La guerra de agresión del imperialismo norteamericano apunta también a América Latina, considerado el patrio trasero de los dominios estadounidenses.
El objetivo número uno en el continente latinoamericano es la Revolución Cubana. En ese propósito la administración Bush viene orquestando una profusa ofensiva ideológica que le permitiría legitimar ante el pueblo norteamericano una escalada general sobre Cuba. Recrudece el bloqueo económico y comercial, alienta a los contrarrevolucionarios de dentro de la Isla, apoya sin reservas a la gusanería. Levanta una campaña respecto de la supuesta violación de los derechos humanos, compra gobiernos latinoamericanos para condenar a Cuba en las Naciones Unidas. Introduce bandas armadas que desatan una activa campaña de terrorismo.
Con estas artimañas se prepara el camino y los medios para una acción militar dirigida contra Cuba, su pueblo y su gobierno.
Un segundo objetivo es desestabilizar al gobierno legítimo de Hugo Chávez en Venezuela. Apoyándose en las oligarquías venezolanas y poniendo en juego los grandes medios de comunicación pretende fabricar una opinión pública hostil al gobierno; alienta la conspiración reaccionaria, manipula a sectores de las fuerzas armadas y prepara las condiciones para una intervención militar.
Haití, fue otra vez, blanco de la intervención armada de los países imperialistas, de Estados Unidos y Francia. Se fomentó una rebelión armada que les permitiría obligar al gobierno de Arístide a abandonar el país, que  justificara la invasión. La bota militar está impuesta en un país soberano por obra y gracia de la primera potencial imperialista de nuestros tiempos.
Enfrentando estas políticas guerreristas del Pentágono se desenvuelve un amplio movimiento de rechazo a esas pretensiones y de solidaridad con los pueblos de Cuba, Venezuela y Haití.
Los hombres y mujeres patriotas, los pueblos y los trabajadores de América Latina; los izquierdistas, los revolucionarios y los comunistas estamos ocupando nuestro sitio en las trincheras. Esos combates denuncian la rapacidad y agresividad del imperialismo, desenmascaran su falsa política de “defensa de los derechos humanos”; califican la conciencia antiimperialista de los trabajadores, de la juventud y los pueblos; fortalecen la organización y la acción de las formaciones revolucionarias; afirman a los comunistas en el cumplimiento de sus responsabilidades históricas.

                                                 V

 Los aviones y los tanques norteamericanos llegan a las playas colombianas, se adentran por la llanura, trepan la cordillera, descienden a los llanos y se internan en la selva amazónica, son los heraldos negros que pretenden (vana intención) arrasarlo todo con el propósito de acabar con la insurgencia popular, con la guerrilla que crece en los campos y ciudades y que un día, junto a las masas, a los trabajadores y a la juventud conquistaran el poder popular.
Colombia está en la mira de “la guerra contra el mal”. Para  desarrollar esa agresión se elaboró y se está implementando el Plan Colombia, su extensión la Iniciativa Regional Andina y, su última expresión el Plan Patriota.
El Plan Colombia tiene un sustento ideológico y político, la erradicación de los cultivos de coca y amapola, el aniquilamiento del narcotráfico y la derrota del terrorismo. El terrorismo es identificado con las guerrillas revolucionarias que se desarrollan desde hace decenas de años y que según la verborrea imperialista están aliadas a la producción y comercialización de droga.
El Plan Colombia pretende involucrar en la aventura guerrerista a otros países latinoamericanos. Los EE.UU. planifican la constitución de un ejército multinacional con la colaboración de varios gobiernos latinoamericanos y han logrado la implantación de bases militares en algunos  países.
El gobierno colombiano es un instrumento dócil de la política norteamericana. Se ha sometido íntegramente a los designios y los planes imperialistas. Colombia vive en un permanente estado de sitio y cada vez se recortan en mayor medida las garantías ciudadanas.
El Plan Colombia se  está ejecutando en sus primeras fases, la presencia de miles de asesores militares estadounidenses; el establecimiento en suelo colombiano de bases militares yanquis; la provisión  de aviones, tanques, misiles y técnicas de punta; los bombardeos indiscriminados a las aldeas y campos; las fumigaciones con gases venenosos en el supuesto de erradicar las plantaciones de coca.
La escalada total es una amenaza real que se cierne sobre Colombia y América Latina. Será la culminación del plan, puede ser la fase siguiente. El Pentágono tiene presente, sin embargo, que esa escalada total puede ser el preludio de la regionalización del conflicto, de una nueva situación de empantanamiento de las tropas yanquis, como ayer en Vietnam y ahora en Irak.
En oposición al Plan Colombia crece la opinión pública latinoamericana, se desarrollan actividades de denuncia de su naturaleza fascista y de solidaridad con la insurgencia. Es una circunstancia que involucra a millones de seres que lo repudian, que se expresan en diferentes niveles de movilización en su contra. En estas actividades los comunistas del continente latinoamericano estamos trabajando activamente, ocupamos nuestra posición y buscamos calificar ese movimiento contra la guerra, en conciencia, organización y lucha antiimperialista.

                                              VI

El Ecuador es también víctima de la agresión imperialista yanqui. La administración Bush consiguió involucrar al gobierno ecuatoriano de manera integral en el Plan Colombia.
Se implantó la Base Militar en el puerto de Manta en el Océano Pacífico, es estableció en la Amazonía un Centro de Adiestramiento del Comando Sur de los Estados Unidos, se está negociando una nueva Base Militar en Galápagos y un aeropuerto militar en San Lorenzo, en la frontera con Colombia.
Estas implantaciones militares tienen el propósito actual de servir de puestos de observación, de centros de abastecimiento y de entrenamiento de las tropas norteamericanas y del programado ejército multinacional. Más adelante se dirigirán contra la lucha revolucionaria de los trabajadores y los pueblos del Ecuador.
Se está utilizando a las fuerzas armadas y la policía del Ecuador. Para  ello se ha pactado el estacionamiento de miles de efectivos, en la frontera Norte a fin de que cumplan el papel de tapón, mientras las fuerzas armadas colombianas la arremeten contra la guerrilla y la empujan hacia  la frontera Sur. Se trata del plan del martillo y el yunque.
Aparentemente el Ecuador sería beneficiario de la ayuda militar norteamericana, de la contribución económica para el desarrollo, para obras de infraestructura, sobre todo en la frontera Norte. En realidad esa ayuda no existe, por el contrario, le está correspondiendo al Estado, al presupuesto fiscal, el mantenimiento de las tropas en estado de alerta militar y por consiguiente se disminuye mucho más el gasto social.
En el país se desarrolla a buenos niveles un movimiento de rechazo al Plan Colombia, a la integración del Ecuador es sus acciones.
Los comunistas, otras fuerzas revolucionarias, los izquierdistas, los demócratas y patriotas estamos empeñados en denunciar la naturaleza reaccionaria y antinacional del Plan Colombia. En esa dirección se desenvuelven diversos foros y debates en los medios de comunicación, en los locales sindicales y universitarios. Se realizan festivales que convocan a decenas de miles de participantes. Se desarrollan grandes movilizaciones de masas. En el interior de las fuerzas armadas tiene lugar un debate sobre su no participación y se registra la resistencia a intervenir en una guerra que no les corresponde. 
La oposición al Plan Colombia, a la política guerrerista del imperialismo norteamericano es direccionada por el partido marxista leninista y otras fuerzas revolucionarias a la solidaridad activa con el pueblo colombiano, con sus organizaciones guerrilleras. Este es un movimiento que va ganando la simpatía y el apoyo de las masas trabajadoras, principalmente de aquellos sectores que habitan en la frontera Norte.

                                                  VII

La razón de ser del Partido Comunista es el derrocamiento del imperialismo y el capitalismo y la implantación del socialismo como etapa de transición al comunismo. En esta etapa, el objetivo central es la conquista del poder mediante la utilización de la violencia revolucionaria. A ese propósito estratégico esta dirigida toda la actividad de los revolucionarios proletarios. Todas las acciones de la cotidianidad son conducidas hacia la acumulación de fuerzas que les permitan crecer para dar las batallas finales y asaltar el poder.
Organizar y hacer la revolución es la tarea central del Partido Comunista. En ese proceso se inscriben las políticas y las actividades contra la guerra imperialista.

Ecuador, abril de 2004.


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