Ecuador
PCMLE
Pablo Miranda
(Articulo Publicado en Unidad y Lucha No. 20, mayo de 2010. Coloca sobre la mesa la discusión de la dictadura del proletariado y como ésta no es una negación de la democracia, sino más bien la expresión más avanzada, porque es la democracia de los trabajadores, de las mayorías en beneficio de las mayorías; simultáneamente critica fundamentadamente las distintas variantes de la democracia burguesa como expresiones de la dictadura del capital y los capitalistas)
CON FRECUENCIA se esgrime por parte de la reacción y la burguesía, de los revisionistas y oportunistas la idea que “el socialismo es la negación de la democracia”, que “la dictadura del proletariado expresa el totalitarismo”.
Desde posiciones democráticas, de izquierda y revolucionarias, desde importantes sectores sociales y de varias organizaciones revolucionarias, cuyo signo definitorio, es la pertenencia a la pequeño burguesía, se acusa al socialismo y de manera particular a la dictadura del proletariado de ser expresión del autoritarismo, de la eliminación de las libertades individuales.
Desde posiciones trotzquisantes se propugnan teorías sociales y políticas que plantean que la dictadura del proletariado no es expresión de la clase obrera, de los trabajadores, sino, manifestación de la dictadura de un grupo minoritario, del partido comunista, de la burocracia estatal.
Algunos grupos de revolucionarios pequeño burgueses esgrimen las ideas de que las experiencias del socialismo en el siglo XX fracasaron porque no fueron capaces de conjugar la justicia social con la democracia, aduciendo expresa o veladamente la defensa de la libertad individual.
LOS REVOLUCIONARIOS PROLETARIOS no podemos menos que participar activamente en este debate.
Una primera cuestión a discernir son los conceptos y los contenidos de la “democracia”.
El término democracia proviene del antiguo griego (δημοκρατία) y fue acuñado en Atenas en el siglo V a. C. a partir de los vocablos δημος («demos», que puede traducirse como «pueblo») y Κράτος (krátos, que puede traducirse como «poder» o «gobierno»).
De lo cual se deduce que democracia es el gobierno del pueblo. A partir de esta definición la democracia se asoció a la naturaleza y características del Estado. Esto quiere decir que la democracia funciona en correspondencia con los intereses económicos y políticos que detenta los grupos propietarios del Estado.
Históricamente, tanto en la sociedad esclavista como en el feudalismo, fueron excluidos del ejercicio del gobierno, los esclavos, los vasallos y las mujeres. La sociedad “no tenía sitio” para estas clases y sectores de la sociedad, mejor dicho les asignaba el lugar de subordinados, de obedientes y, por consecuencia el “gobierno del pueblo”, la “democracia” fue función de pequeños grupos, engrandecidos por el uso de la violencia y el acaparamiento de la riqueza mediante las guerras, el saqueo, la esclavitud y la servidumbre. La democracia tuvo siempre un signo de clase, fue ejercida por los grupos que detentaron el poder. Con el advenimiento del absolutismo feudal se borró toda manifestación de democracia, el poder fue expresión de la monarquía.
Cuando se produjo la revolución burguesa en Francia, en 1789, los revolucionarios reivindicaron la “democracia” de la República Romana , sus instituciones, sus mensajes ideológicos. Claro está, lo hicieron en correspondencia con los intereses políticos de la nueva clase que emergía, la burguesía. Acuñaron la frase de “libertad, igualdad y fraternidad”, restablecieron el sujeto de la ciudadanía para evidenciar la igualdad, ante la ley, de los seres humanos.
En este contexto la burguesía jugó un rol revolucionario, acaudilló la lucha por la tierra y por la libertad de millones de campesinos, se abanderó de los combates de los trabajadores y artesanos de la manufactura y de los talleres artesanales, que vivían en las ciudades. Millones de seres humanos, de hombres y mujeres de la ciudad y el campo participaron de la revolución, dieron su vida por el ideal de la libertad, por terminar con el oscurantismo; sin embargo, accedió al poder la clase de los capitalistas, de los banqueros, los comerciantes y los empresarios. Los sueños de “libertad, de igualdad y fraternidad” quedaron como tales, como ilusiones; la nueva institucionalidad, el Estado y el gobierno de la burguesía establecieron reglas y leyes que subordinaron a la mayoría de la población. La democracia inaugurada por la revolución burguesa tenía las mismas características que sus predecesoras, la democracia de los esclavistas y de los señores feudales, era dominadora y excluyente de las grandes mayorías, se ejercía, como en el pasado, por parte de pequeños grupos de privilegiados en su propio beneficio; eso sí, se hacía en nombre del pueblo y de los ciudadanos.
Más de cuatrocientos años han sido necesarios para que el capitalismo se implante como el modo de producción dominante por todos los confines del planeta. Se trata de un proceso intermitente de nuevas y nuevas revoluciones burguesas, en los diversos países, de retrocesos y contrarrevoluciones, de guerras de conquista y de saqueo de países y pueblos en todos los continentes, del desarrollo ininterrumpido de los instrumentos de producción, de la ciencia y la tecnología en beneficio de los grandes banqueros y empresarios. Es expresión del desarrollo incesante de las fuerzas productivas, del surgimiento de los grandes monopolios internacionales y del imperialismo. En este período se produjo en varios países, en el siglo XX, la revolución social del proletariado que interrumpió la marcha ascendente del capitalismo y el imperialismo, que abrió las puertas de una nueva democracia, de la sociedad socialista. Se trata también de una etapa en la que, las fuerzas de la revolución proletaria sufrieron una grave derrota, mismo que temporal y transitoria.
En este largo y sinuoso proceso la institucionalidad burguesa ha sufrido importantes cambios en su naturaleza y su presentación. En los momentos iníciales, cuando eclosionaba el fervor revolucionario, cuando las masas de obreros y campesinos cumplían su rol de enterradores del absolutismo era evidente, viva y dinámica la vigencia de la democracia, de la voz de los revolucionarios que atronaba en los campos, las calles y la Asamblea Nacional , eran patéticas las actitudes balbucientes de los nuevos representantes de las clases dominantes. Fueron necesarias varias décadas para que los banqueros y empresarios impusieran sus designios y reglas, edificaran y afirmaran la institucionalidad capitalista.
El estado capitalista que nació de la revolución burguesa fue evolucionando, presionado de un lado por los intereses de los distintos grupos burgueses que lo disputaban y de otro lado, por las demandas y la lucha de la clase obrera. De la “república de los ciudadanos” que excluía del sufragio a los analfabetos y a las mujeres, de los “estados liberales” que otorgaban el derecho al voto a las personas que tenían un monto determinado de dinero y propiedades, y excluían de ese derecho a los millones de pobres hasta la conquista del voto universal hubieron de transcurrir varias centenas de años.
Este proceso ha desembocado hoy en día en lo que se denomina democracia liberal y socialdemocracia, pasando por el fascismo, las dictaduras militares, los caudillos y el populismo; en la existencia de varias formas o expresiones del Estado capitalista, entre ellas, principalmente, la república presidencialista, la república parlamentaria, la monarquía constitucional. Todas estas formas son manifestación de la organización del gobierno burgués, del poder de los capitalistas, se erigen en el sufragio universal, establecen la existencia del parlamento, la separación de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial (actualmente se habla de un cuarto y un quinto poder: los órganos de control y la prensa). En estos preceptos y parámetros edifican los términos y la amplitud de la democracia.
La democracia liberal, aquella que pregona las libertades, la que se opone como antítesis a la democracia socialista exhibe entre sus postulados, principalmente, los siguientes derechos:
*Derecho a la vida y a la integridad de la persona.
* Libertad de movimiento por el país.
* Igualdad ante la ley y derecho al debido proceso bajo el Estado de Derecho.
* Libertad de expresión
* Libertad de prensa y acceso a fuentes alternativas de información.
* Libertad de reunión y asociación
* Libertad de enseñanza
* Libertad de culto.
* Independencia judicial.
* Derecho a la propiedad privada.
+ Libertad de comercio.
Existe otra variante de la democracia burguesa, la socialdemocracia
La socialdemocracia es una versión de la democracia en el capitalismo, en la que se recurre a la regulación estatal y a la creación de programas y organizaciones patrocinados por el Estado, para atenuar o eliminar las desigualdades e injusticias sociales que existen en la economía libre y el capitalismo. La socialdemocracia se instituye por la construcción de partidos socialdemócratas surgidos en el seno del movimiento obrero, de mano de los sindicalistas conciliadores y reformistas, generalmente ganados por la patronal. La socialdemocracia nació a finales del siglo XIX, en Europa, como una alternativa al socialismo y al comunismo que conquistaban el favor y el entusiasmo de la clase obrera; más adelante, luego de la segunda guerra mundial la socialdemocracia se empinó como alternativa a la revolución y al socialismo, como la prédica y la práctica de construir el capitalismo democrático, en el denominado Estado de Bienestar. Pomposamente se llamó a esta política y programa como “socialismo democrático”.
Significó, para el sistema capitalista, una vía de desfogue para la lucha de la clase obrera que pugnaba por su liberación, por la edificación del socialismo, que tenía como referencia a la Unión Soviética y sus realizaciones sociales y políticas. En los hechos es la expresión política de un sector de la burguesía, su característica más saliente, con la que pretende, precisamente, atrapar a los trabajadores es la utilización del presupuesto estatal para obras de impacto social.
Los conceptos más acabados de la democracia burguesa son: la elección del gobierno por medio del sufragio universal, la periodización de los representantes del gobierno, la división de poderes, la existencia de varios partidos políticos, la vigencia de los derechos individuales.
Las elecciones de la democracia representativa se celebran cada cierto número de años. Se trata de un evento en el que participan millones de seres, el voto es universal, secreto y obligatorio (en muchos países es voluntario). Aparentemente existe igualdad de oportunidades para presentar candidatos y para ganar las elecciones. En todos los países los grandes partidos políticos burgueses ejercen el monopolio electoral, disponen de grandes cantidades de dinero para utilizar la prensa y la propaganda y manipular la voluntad de los electores, tienen la posibilidad de organizar el fraude electoral y beneficiarse de él. Generalmente, las contradicciones entre los diferentes grupos burgueses se zanjan, circunstancialmente, mediante las elecciones. Esto da la apariencia de una democracia que se renueva, que ofrece rostros distintos en cada oportunidad, al hecho de que una persona o un partido político no puede eternizarse en el poder como los reyes; en realidad cualquiera sea el nombre del Presidente, el Estado estará dirigido por los empresarios y banqueros. Las elecciones expresan también, la lucha política entre diversas alternativas, entre los distintos grupos económicos de la burguesía, hacen evidente la formalidad democrática de la existencia de varios partidos políticos; en los hechos siempre gobierna la clase de los capitalistas, los monopolios internacionales y el imperialismo. El propio juego de la oposición expresa también los intereses de otros grupos de la misma clase de la burguesía.
Ciertamente, los trabajadores y los partidos y organizaciones de izquierda participan en varios países y oportunidades en esos procesos electorales y a veces conquistan espacios en los gobiernos locales y el parlamento. Las posibilidades de éxito electoral de los trabajadores, los pueblos y la izquierda, a pesar de representar a la mayoría de la población, siempre están en desventaja frente a los partidos burgueses y a las grandes empresas electorales. Excepcionalmente cuando alcanzan importantes victorias electorales, se impone en la vida de la sociedad el poder de los grupos económicos. Esta realidad no elimina la justeza de utilizar por parte de los revolucionarios las elecciones como una forma de lucha para acumular fuerzas.
La prédica de que la democracia en el capitalismo se expresa en la existencia de varios partidos políticos, en el libre juego político, en la renovación del gobierno a través de las elecciones, cae por su propio peso. Las clases dominantes de la sociedad capitalista, la gran burguesía y sus aliados tienen intereses comunes que defienden, la institucionalidad, la propiedad privada, las leyes que les garanticen sus ganancias, en fin, el sistema capitalista. Sin embargo, esas mismas clases dominantes se dividen y subdividen en diversos grupos económicos que compiten entre sí por agrandar su capital y poder; esa competencia se desenvuelve de manera natural pero en algunas oportunidades se exacerba al punto de provocar enfrentamientos, guerras comerciales, dumping, se expresa en el terreno de la producción y la productividad, en el ámbito financiero y desde luego en el escenario político, en la disputa por la conducción del Estado. En estas circunstancias la forma de organización de los diversos sectores de la burguesía son los partidos políticos y la modalidad son las elecciones, el juego parlamentario, las agrupaciones y reagrupaciones para la aprobación de leyes que favorezcan los intereses de grupo.
En realidad en la democracia capitalista se expresan diversos partidos políticos, nadie lo puede negar. Esos partidos políticos pregonan la democracia, la defensa de la libertad, de los derechos de los pueblos; con ese mensaje manipulan el sentimiento de las masas, conquistan el voto, legitiman la existencia del Estado de los empresarios.
La historia de todas las sociedades burguesas y de la democracia capitalista, en ningún país reivindica, en los hechos, los intereses y derechos de las clases trabajadoras. Por el contrario en todas ellas se garantiza la explotación del trabajo asalariado, la apropiación de la riqueza creada por los trabajadores. En todos esos países se hace más evidente la concentración y acumulación de la riqueza en unos cuantos grupos de grandes capitalistas y las masas trabajadoras continúan siendo pobres y marginadas de sus derechos que, eso sí, están proclamados en la Constitución y las Leyes.
Esto quiere decir que la existencia de diversos partidos políticos no expresa el concepto de democracia como “el gobierno del pueblo”. Esos partidos políticos, a pesar de tener afiliados y votantes que pertenecen a las clases trabajadoras representan los intereses de los diversos sectores de la burguesía, defienden el capitalismo, la propiedad privada de los grandes medios de producción, la libre empresa y la libertad de comercio. Como en la Grecia esclavista esa democracia es para unos cuantos y es exclusión para la mayoría. La exclusión no es sólo la marginación de las mayorías de sus derechos, es principalmente, manifestación de la subordinación, de la subyugación de las grandes masas, es el resultado del carácter social de la producción y de la apropiación privada de la riqueza creada; es expresión de la dictadura de clase de los capitalistas.
Ciertamente en el seno de la sociedad capitalista la clase obrera luchó y lo hará siempre por sus derechos y aspiraciones, por la conquista de la libertad y la democracia, por la abolición de la explotación capitalista y para eso se organiza, se une, se educa y busca el cumplimiento de sus ideales. La principal forma de organización a la que recurre la clase obrera es el partido político y desde luego, debe tomar medidas contra las medidas de exclusión y discriminación de que es objeto por parte de la burguesía. La clase obrera se gana, en los hechos, el derecho a construir su partido político. La burguesía tolera la existencia de partidos de las clases trabajadoras, lo hace en el propósito de adornar su democracia, de manera particular permite y hasta auspicia a los partidos y organizaciones políticas que se proponen y luchan por reformas.
En el capitalismo el proletariado, las otras clases trabajadoras, la juventud, la intelectualidad progresista han conquistado derechos sociales y políticos, tales como el derecho a la organización y de huelga, la vigencia de los derechos humanos, el de organizarse políticamente, entre otros. Esa situación es resultado de la organización y la lucha, de decenas de años de combate reivindicativo y político. Pero, es evidente, que se trata de espacios subordinados en el espectro social. Son derechos que deben ser defendidos permanentemente y que en repetidas ocasiones son violentados por la burguesía, de manera legal o autoritaria. Las dictaduras militares y las políticas neoliberales, entre ellas, la llamada flexibilización laboral, son ejemplo claro de la violación y restricción de los derechos civiles y democráticos
Los ideólogos del capitalismo pregonan con gran entusiasmo que la expresión más alta de la democracia es la libertad individual, la condición de las personas de actuar por si y ante si. En realidad, los derechos individuales que se magnifican como la divisa de la democracia liberal y de la socialdemocracia, en realidad, tienen signos discriminatorios, que se evidencian en la cotidianidad. (No contamos con el espacio suficiente y por eso nos vamos a referir a los más resaltados por la propia burguesía).
Por ejemplo, la libertad de prensa, está garantizada por la casi totalidad de las constituciones de los Estados capitalistas, está expresa en las leyes; pero, en los hechos son los grandes grupos económicos los que ejercen este derecho, los propietarios de los grandes medios de comunicación, TV, radio, prensa que han construido verdaderos monopolios de la información, de la difusión de la noticia y de la opinión periodística. Los medios de comunicación juegan un importante papel en el proceso de afirmar las ideas y propuestas de las clases dominantes en el conjunto de la sociedad; en esta acepción la llamada libertad de prensa es una estratagema de los empresarios para imponer su modo de pensar, para manipular la subjetividad de las masas, para distraerlas de sus ideales y objetivos liberadores. En ningún país capitalista las clases trabajadoras, los explotados y oprimidos por el capital pueden tener acceso a esos medios, en las proporciones que lo hacen los grupos de poder, los ideólogos y panegiristas del capitalismo. Está claro que esta libertad de prensa excluye a las mayorías, evidenciando meridianamente que la democracia burguesa es tal para los capitalistas y es excluyente para los trabajadores.
La llamada independencia judicial proclamada por la sociedad capitalista es una burda mentira. Las leyes, a pesar de su retórica, están elaboradas y redactadas de manera que siempre favorecen los intereses de los poderosos; pero, sobre todo los jueces se colocan siempre de lado de los que pueden pagar sus fallos. La constitución proclama la igualdad ante la Ley , la vida segrega de la justicia a todos los que no forman parte de los grupos de poder.
La libertad de comercio es la divisa de la burguesía y según ellos, una alta expresión de la democracia. Es en la práctica el derecho de los diversos grupos económicos para competir en la realización de la producción. El liberalismo proclama el dejar hacer, el dejar pasar para que “florezca” la competencia y rebajen los precios. En realidad ese derecho al libre comercio es derribado por el crecimiento y acaparamiento de los grupos económicos que restringen esa libertad para los productores individuales y la reservan para los grandes monopolios. Es decir, en la sociedad burguesa, esa propia libertad de comercio es un mito, inclusive entre los capitalistas, en cuyas interrelaciones, siempre, el pez grande se come al chico.
La igualdad ante la ley y derecho al debido proceso bajo el Estado de Derecho, es un principio consagrado por la democracia burguesa, en todas las constituciones y las leyes, pero, en la vida real, la gran mayoría de personas constatan como esa prèdica no es sino un espejimo. Los derechos humanos se violan de manera reiterativa en todos los países, destacàndose en esa práctica los EE.UU. y los gobiernos latinoamericanos y europeos; en los tribunales de justicia se ventilan gran cantidad de casos y siempre salen victoriosos las causas de los que pueden comprar a los jueces venales. La igualdad ante la Ley se echa abajo por el poder económico y político.
El derecho a la propiedad privada, proclamado por todas las legislaciones burguesas retrata de cuerpo entero la naturaleza discriminatoria y opresora del sistema capitalista. En realidad es la esencia del Sistema. Es en torno de ese derecho que se establecen las leyes y normas, es alrededor de esta cuestión que funcionan todas las formas de la democracia capitalista. La igualdad ante la ley es echada abajo por el poder económico(la propiedad privada), la libertad de prensa es un privilegio para los grandes grupos financieros (la propiedad privada), las elecciones libres son manipuladas por los empresarios y banqueros (otra vez la propiedad privada), los candidatos, los presidentes, los diputados, los jueces estan siempre al servicio de los detantodores del poder (la propiedad privada).
Hay que reconocerle a la burguesìa su franqueza, la delcaratoria expresa de que el capitalismo, su sistema se basa en la propiedad privada, y al mismo tiempo su cinismo de declarar “el derecho a la propiedad privada” como expresión esencial de la democracia.
En la vida social y política, existen muchas variantes del concepto de democracia: la más extendida y reivindicada es la llamada democracia representativa; a la que nos hemos referido, en lo principal.
Existe además, la llamada “democracia participativa” (varios pensadores e intelectuales pequeño burgueses la plantean como el modelo para el socialismo del siglo XXI) que propone la creación de formas directas de participación de los distintos grupos sociales, tales como audiencias públicas, recursos administrativos, “la defensoría del pueblo”, la “silla vacía”, los plebiscitos y referéndum, las consultas no vinculantes, etc. Reclamándose como alternativa a la democracia representativa que se expresa casi exclusivamente en el ejercicio del sufragio, la denominada democracia participativa habla de la rendición de cuentas, del papel de los ciudadanos, del papel de la sociedad civil. En realidad, se trata de la misma democracia burguesa que presenta formas de expresión novedosas, pero que, de ninguna manera, garantizan a las masas el poder de tomar las decisiones en los asuntos del gobierno, en el mejor de los casos, esa famosa democracia participativa, genera el derecho a voz. Esencialmente, es otra faceta del sistema político burgués.
El llamado socialismo del siglo XXI, los gobiernos que lo pregonan, pretende presentarse como expresión de la democracia, como supuesta alternativa al capitalismo, como superación de lo que denominan la burocracia y el autoritarismo del socialismo stalinista. Los trabajadores y los pueblos del Ecuador somos testigos de cómo esa democracia defiende los intereses económicos de los empresarios y banqueros, de los monopolios imperialistas; hemos sido víctimas de las más crudas expresiones de racismo; hemos visto y soportado como esa democracia atenta a la organización sindical, al derecho de reclamación y huelga; cómo con la prédica de la “revolución ciudadana” se califica de terrorista toda acción de lucha de las masas, cómo se enjuicia, se persigue, se encarcela y asesina a los combatientes populares acusándolos de terroristas, como con la consigna de “que la Patria ya es de todos” se erige un régimen autoritario y represivo, se manipula la libertad de prensa en beneficio del gobierno y los grupos de poder. El régimen de Correa no se cansa de pregonar la vigencia de la “democracia participativa” y en su nombre condena a los indígenas, los sindicalistas, los ecologistas y a la izquierda revolucionaria.
En realidad la democracia del socialismo del siglo XXI no es sino otra expresión del engranaje ideológico del capitalismo, se trata de una socialdemocracia remozada que actúa en las condiciones de recuperación, luego del reflujo de fines del siglo XX, del movimiento obrero y revolucionario y que se propone encausarlo a través del la demagogia y el asistencialismo la defensa del capitalismo. Sus posiciones cuestionadoras del imperialismo, de la vieja partidocracia, de la derecha política no son otra cosa que el ropaje para seducir y engañar a las masas.
No existe democracia pura que pueda situarse por encima de los intereses de las clases sociales, así como no existe Estado neutral cuya finalidad sería la de constituirse en arbitro de los conflictos sociales y económicos de la sociedad. La democracia, el Estado, el gobierno en cualquiera de sus formas, expresan, en las diversas condiciones y circunstancias, los intereses económicos, sociales, culturales, políticos e ideológicos de las clases detentadoras del poder. Los de abajo, las clases subordinadas forman parte de la sociedad, participan en la vida social y política en correspondencia con el sitio que ocupan en la producción, son productores de la riqueza, electores, forman el pueblo, forjan los grandes y pequeños acontecimientos históricos, pero no cuentan con el poder de decisión, no pueden determinar el rumbo de la sociedad, no pueden dirimir el curso de la historia.
La democracia es una bella palabra, su concepto entraña un gran ideal y la lucha por su consecusión, por su vigencia plena ha dirigido la causa y los combates de millones de seres a lo largo de la historia de la humanidad. La democracia es también un concepto ideológico y político manejado siempre por los de arriba para legitimar su dominación, para convencer a las masas y persuadirlas de que son sus representantes legìtimos, en nombre de la democracia se explotan y oprimen a miles de millones de trabajadores en el mundo, en nombre de la democracia se avasallan a cientos de países dependientes, se saquea impunemente sus recursos naturales y se atropella la soberanía, en nombre de la democracia se desatan las guerras de conquista y agresión màs despiadas y sangrientas, en nombre de la democracia se cometen actos de terrorismo de Estado en todos los países y regiones, en nombre de la democracia se han cometido los más mostruosos actos de genocidio.
Es pertinente recoger las palabras del profesor iraní Hossein Nasr en: Los intelectuales del mundo y La Nación. “La democracia es muy valiosa, pero se convirtió en prostituta”: En la actualidad la palabra democracia se ha convertido en un eslogan: quien nos gusta es democrático y a quien no nos gusta lo tachamos de antidemocrático. El pueblo palestino, en elecciones libres supervisadas por la ONU , eligió a Hamas para que lo gobernara. Pero Occidente rechazó ese resultado y alegó que era antidemocrático. En Egipto, Mubarak gana las elecciones con el 99,9% de los votos y es obvio que no es democrático, pero dado que es pro norteamericano, nadie dice nada. La democracia es algo muy valioso, pero, por desgracia, en nuestros días se ha convertido en una prostituta. Lamento decirlo, pero es así. Si entendemos la democracia como la participación libre de la gente en su propia vida, creo que es algo que todos los seres humanos desean. No es que a los españoles y a los ingleses les guste y que los birmanos la odien. Eso es una estupidez. Pero para que las instituciones democráticas crezcan, deben hacerlo desde el interior de una sociedad.
Los revolucionarios proletarios somos partidarios de la democracia, la reclamamos, luchamos por ella. En todos los países y en distintas circunstancias el partido comunista, el movimiento sindical y la clase obrera han sido y son los luchadores más consecuentes por la democracia, los combatientes más decididos contra las dictaduras militares, contra el nazismo y el fascismo. En esta lucha los comunistas han sido perseguidos, apresados, torturados, asesinados pero no doblegados. La lucha por la democracia, por el derecho a expresarse y hacer política en beneficio de la clase obrera no nos hace perder de vista que la verdadera democracia, la democracia para las grandes mayorías sólo se alcanzará con la conquista del poder, con el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo. Cómo decía Lenin “Nosotros somos partidarios de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la república burguesa más democrática”.
La democracia burguesa, llamese liberal o socialdemòcrata se erige sobre los hombros y el trabajo de millones de seres humanos; sobre la dominacción y el saqueo de los países dependientes por parte del imperialismo; tiene como objetivo supremo preservar el sistema, legitimar la dominación burguesa y mantener ideologizados a los trabajadores y los pueblos. Es en esencia democracia para los poderosos –para las minorías- y dictadura para las mayorías, para los trabajadores y los pueblos
Sólo la revolución social cambia el contenido y los sujetos de la democracia. La transforma verdaderamente en expresión de los intereses y la voluntad del pueblo, de las clases trabajadoras. Según la acepción materialista de la historia, en la sociedad de clases, el pueblo es un concepto histórico, determinado por las condiciones materiales, por la naturaleza de la sociedad. En los estadios del esclavismo, del feudalismo y el capitalismo el pueblo está constituido por las clases trabajadoras que están dominadas, subordinadas. En el sistema socialista el pueblo está integrado por los trabajadores de la ciudad y el campo que se transforman en clases dominantes, dirigentes de la sociedad.
En los países donde los trabajadores conquistaron el poder e iniciaron la construcción del nuevo mundo, la sociedad socialista y, de manera principal en el ex Unión Soviética, los trabajadores alcanzaron una nueva vida, grandes derechos económicos, sociales y políticos; los pueblos de los diversos países que constituían el imperio zarista, se erigieron en su condición de naciones que hicieron valer plenamente sus derechos de autodeterminación.
La condición de esclavos asalariados de millones de obreros fue derrumbada y en su lugar los trabajadores se emanciparon, rompieron las cadenas, convirtieron al trabajo en una realización individual en beneficio del colectivo social. El fruto de sus esfuerzos, de su labor en la producción cambio de destino, de llenar los bolsillos de los capitalistas se dirigió a resolver las necesidades y derechos de los propios trabajadores. La riqueza se convirtió en patrimonio de quienes la producen, los propios trabajadores.
Los obreros obtuvieron un salario que les permitió resolver sus necesidades de alimentación, educación, salud, seguridad social. En la sociedad soviética y en los demás países socialistas de entonces, se eliminó el hambre.
Los trabajadores y los pueblos accedieron a la cultura, al arte y la literatura, al deporte y la recreación. La sociedad soviética se convirtió en un mundo nuevo, donde se editó, se difundió y se leía el mayor número de libros y periódicos de todos los países y de todos los tiempos.
La educación cubrió las necesidades y aspiraciones de todos los pueblos de la vasta Unión Soviética: los niños, desde su nacimiento tuvieron la atención del Estado para su educación y formación, por las ciudades y aldeas de todos los pueblos y nacionalidades, surgieron las escuelas, los colegios y las universidades, todas esas instituciones estuvieron abiertas para todos, sin ninguna clase de discrimen, fueron gratuitas de manera integral y de sus aulas surgieron nuevos hombres y mujeres instruidos y cultos, decenas de miles de cuadros científicos y técnicos que fueron protagonistas de la construcción del nuevo mundo.
La sociedad socialista al tiempo que resolvió los grandes problemas de las masas, en la medida que proveyó de trabajo, de pan, de salud y vivienda como necesidades básicas de la población, fue enfrentando y dando respuestas a los anhelos de superación del conjunto de las clases trabajadoras, fue eliminado las diferencias entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, entre los trabajadores urbanos y rurales, procuró de manera ascendente, el bienestar de los pueblos.
Sobre todo, el socialismo significó la transformación de las clases trabajadoras, de su condición de explotados y oprimidos, a una nueva posición, la de clases dirigentes de la sociedad. De clases subordinadas, dominadas se convirtieron en clases dominantes: asumieron el poder, dirigieron el Estado, establecieron un nuevo orden jurídico y legal, se convirtieron en protagonistas de la construcción del nuevo mundo, de la nueva sociedad.
Esto significa que el ascenso de los trabajadores al estadio de clases dirigentes de la sociedad transformó los conceptos y la práctica de la democracia.
Por primera ocasión en la historia, la democracia se convirtió en la expresión de la voluntad de las mayorías. Los que trabajan, los que generan la producción y la riqueza, los hacedores de la historia, lo hacen ahora en correspondencia con sus propios intereses y al hacerlo de esa manera, lo realizan en beneficio de toda la sociedad.
Esta nueva situación no se puede concretar sin el ejercicio de la democracia proletaria, de la democracia popular. En este nuevo tipo de democracia, los trabajadores tuvieron voz y voto en las decisiones del rumbo, de las metas y de los mecanismos para concretar su proyecto, el sueño de una sociedad más justa.
Los soviets, los consejos populares, las comunas fueron integradas por obreros, campesinos, soldados, por la juventud y la intelectualidad; fueron escenario de grandes debates sobre el carácter de la sociedad, sobre los planes de gobierno a nivel local, regional, estatal y del conjunto de la Unión Soviética. Esos mismos entes, expresión de la institucionalidad socialista, eligieron el gobierno en todas las instancias, y, lo hicieron de entre sus miembros. Los nombres de los dirigentes del gobierno en el socialismo fueron siempre los propios trabajadores, los méritos principales que se reconocieron fueron la participación en la lucha por la conquista del poder y luego, la consecuencia y la responsabilidad en el cumplimiento de sus responsabilidades. En esos mismos colectivos, pero también en el conjunto de la sociedad, los representantes populares rindieron cuentas y fueron exigidos de ese deber por las propias masas. En la sociedad socialista se implanto en el orden legal y se cumplió en la práctica el derecho de las masas de revocar el mandato de los elegidos.
Es evidente que se trata de un nuevo tipo de democracia: los trabajadores no sólo tienen el derecho a elegir, tienen el derecho real de ser elegidos; gozan del derecho de opinar y resolver el rumbo económico, sobre la producción, la distribución; etc., etc. Lo hacen, además, en condiciones de igualdad, en el ámbito local, regional y nacional, sin otro condicionante que no sean los intereses de la colectividad.
En esta nueva sociedad, efectivamente, se erigió el régimen de partido único, el partido comunista o partido de los trabajadores. La conquista del poder, la revolución social fue obra de millones de seres organizados en sindicatos y comunas, en las fábricas y los campos, en las escuelas y los cuarteles; fue una heroica hazaña conducida por los revolucionarios proletarios organizados en las filas del partido comunista, fue resultado de la fusión de la teoría del socialismo con el movimiento obrero y popular; en ese proceso, en los diversos países en los que se produjo, confluyeron varios partidos y organizaciones políticas que proclamaban la revolución y el socialismo y que se involucraron activamente; en medio de la confrontación ideológica, política, cultural y militar los diversos grupos revolucionarios entendieron la necesidad de fusionarse e integrar un único partido revolucionario; era la condición necesaria para alcanzar la victoria y sobre todo para la construcción de la nueva sociedad.
Esto quiere decir que la nueva sociedad que construyen los trabajadores ha de hacerse en función de sus intereses y voluntad, con objetivos claros y orientaciones correspondientes con sus principios, de manera planificada y controlada. Esa gran hazaña no puede admitir, so pena de fracasar rápidamente, diversas concepciones económicas y políticas. Esto significa que el partido único es una necesidad histórica.
Más allá de estas circunstancias y condiciones, interesa demostrar que la existencia del partido único no mengua ni restringe la democracia popular, por el contrario garantiza el ejercicio de la democracia por parte de los millones de trabajadores que son protagonistas directos de la creación del mundo nuevo.
Los trabajadores en el poder fueron francos y directos, llamaron a las cosas por su nombre: la democracia que erigieron la denominaron por su contenido, democracia popular; el gobierno que edificaron lo nominaron por su esencia, como dictadura del proletariado, en oposición a la dictadura burguesa que habían soportado antes de derrumbar al capitalismo. Efectivamente, por primera vez en la historia de la humanidad los millones de seres que integran el pueblo se constituyen como gobierno, pero efectivamente, existen un sector social minoritario, los antiguos miembros de la burguesía y los terratenientes que pasan a ocupar el lugar de clases dominadas, sobre las cuales se ejerce la dictadura. Y, esto por la sencilla razón de que conspiraron y se coludieron con los capitalistas del exterior para subvertir el régimen socialista.
Ese proceso es historia, es la historia de cientos de millones de seres que iniciaron la construcción de una nueva sociedad y, ciertamente no fracasaron en el intento, cumplieron buena parte de sus objetivos; sus hazañas perduran en el tiempo y en el espacio, son tomadas en cuenta como referencia por los trabajadores y los revolucionarios que continuamos la lucha por el socialismo.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:
El Manifiesto del Partido Comunista. Marx y Engels
EL ESTADO Y LA REVOLUCION. Lenin
LAS GUERRA CIVIL EN FRANCIA. Marx
WIKIPEDIA. Enciclopedia On Line
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