jueves, 28 de julio de 2011

ASI SOMOS




Pablo Miranda

ASÍ   SOMOS

(Artículo publicado en 2003, en la Revista Política, órgano teórico del CC. del PCMLE. Desarrolla la concepción y la práctica de los militantes marxista-leninistas, es un fervoroso llamado a los comunistas para el cumplimiento de su responsabilidad de organizar y hacer la revolución)

Los militantes del PCMLE  somos los mejores hijos de la clase obrera y de los pueblos del Ecuador.
Somos combatientes por la libertad, por la igualdad social; por la vigencia plena de la democracia de masas; por el derecho al trabajo y al salario justo; por la salud, la educación, la seguridad social; por los derechos humanos; por la  liberación de los trabajadores que significa, en fin de cuentas, la emancipación de la humanidad.
Somos enemigos jurados de la explotación y explotación capitalistas; de la discriminación social, étnica cultural y de género. Luchamos contra la tiranía y el despotismo de los patronos.
Somos patriotas, queremos al Ecuador, la tierra y sus gentes. Nos oponemos a la opresión imperialista que avasalla al país y a sus pueblos.  Denunciamos la intromisión de la cultura del imperialismo norteamericano y le oponemos la vitalidad y el progresismo de las culturas de nuestros pueblos. Luchamos por la soberanía y la independencia, por romper el yugo extranjero, combatimos por la Patria Nueva y somos fervorosos internacionalistas, formamos parte de los trabajadores y los pueblos del mundo que se oponen al imperialismo y al capitalismo.
Somos solidarios, creemos en las virtudes de los seres humanos, en la fraternidad y la colaboración, en la fuerza de la unidad de los desposeídos, en la capacidad de los trabajadores para construir el mundo nuevo. Nos oponemos al individualismo y al egoísmo engendrados por el capitalismo. Luchamos por una nueva sociedad, por el socialismo y el comunismo. 
Sabemos compartir con nuestros hermanos y camaradas las alegrías de las victorias, los avatares de la lucha y los sinsabores de las derrotas. Somos capaces de multiplicarnos en la acción de los combatientes populares, en los sueños de la juventud y en las realizaciones de los revolucionarios proletarios.
Cuando ingresamos al Partido, prometemos dedicar nuestra vida, los mejores esfuerzos espirituales y físicos, a la causa de la liberación de los trabajadores; laboramos todos los días por formarnos como revolucionarios proletarios, ponemos atención al estudio de la teoría revolucionaria y nos involucramos intensamente en la vida, la organización y la lucha de la clase obrera y los pueblos.
Estamos convencidos de la validez de los principios marxista leninistas, de su naturaleza científica y revolucionaria y los abrazamos con convicción y decisión. Toda nuestra actividad se guía por la teoría revolucionaria y se comprueba en la práctica social.

Venimos de los luchadores del Ecuador y el mundo


Somos continuadores de la tradición de lucha contra la tiranía y la injusticia, por la libertad y la democracia de los pueblos del Ecuador. Nos reconocemos en las cruentas batallas libradas por los indios contra la conquista española, en el espíritu y las realizaciones de Rumiñahui, en su lucha y su martirio. Venimos del ímpetu de los campesinos ibéricos que poblaron estas tierras y se mezclaron con los indios, originando el pueblo mestizo; nos identificamos con Espejo, con su amor a la libertad y su odio al colonialismo, con su decisión de luchar por la Independencia. Estuvimos en los ejércitos libertadores, recorrimos los Andes y los llanos, la selva y el desierto, batallamos en Carabobo, en Junín y en Pichincha, combatimos junto a Bolívar y Sucre. Formamos parte de las montoneras alfaristas, luchamos en la Costa y en la Sierra contra el feudalismo y el oscurantismo clerical. Organizamos la primera huelga de los trabajadores y fuimos masacrados por la metralla de los terratenientes y empresarios el 15 de noviembre de 1922, hicimos parte de la Brigada Rosa Luxemburgo.
Vinimos de las barricadas levantadas por los obreros insurrectos de la Comuna de Paris. Renacimos en Octubre de 1917, en el Partido de Lenin y en  los Soviet de Obreros, Campesinos y Soldados. Fuimos fuego en la insurrección de los obreros alemanes en 1919 y volvimos a flamear en Sangay, en 1927. Triunfamos en Albania y otros países de Europa Oriental, luego de la derrota del fascismo. En 1949 fundamos la república de las comunas en China. En 1959 bajamos de las montañas de la mano del CHE y amaneció el alba de Cuba. Estuvimos en las huelgas y movilizaciones del proletariado en todos los países; en el frente de la lucha de liberación nacional de millones de seres,  en Asia, África y América Latina; en las calles y las plazas en la eclosión juvenil de los sesenta.
Nuestras raíces partidarias prendieron recias en 1926, cuando se fundara el Partido Socialista. Se afirmaron con la constitución del Partido Comunista y su afiliación a la Internacional Comunista, en 1931.
Participamos en la organización de la clase obrera, de las huelgas de los ferroviarios y los textileros, conquistamos con lucha heroica la jornada de ocho horas y el Código del Trabajo. Estuvimos en las montañas andinas, en las chozas de los quichuas, en los sindicatos y cooperativas indígenas; en la selva y el pantano tropicales forjando los soviet campesinos. Hicimos parte de la organización de la juventud estudiantil universitaria y de los profesores.
Nos sublevamos en Guayaquil, el 28 de mayo de 1944; forjamos en las calles y con las armas la unidad de los obreros, los estudiantes y los soldados.
Fuimos engañados y traicionados por una camarilla de oportunistas y traidores que  usurpó la dirección del Partido Comunista, que renunció a la revolución y al socialismo y  transformó al partido en una organización reformista.
En la clandestinidad, perseguidos, desterrados y apresados por la dictadura militar anticomunista concurrimos el primero de agosto de 1964 al Congreso de fundación del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador.
Somos el Partido de Milton Reyes y Rosita Paredes; de Rafael Larrea, Washington Álvarez y Jaime Hurtado; el partido de decenas de luchadores revolucionarios que han pagado con el holocausto de sus vidas la abnegada labor de organizar y dirigir la lucha de liberación  social y nacional.
Surgimos como una necesidad y una razón históricas. La clase obrera y los pueblos requerían de su vanguardia política, del partido revolucionario del proletariado, que asuma la responsabilidad de organizar y hacer la revolución.  Los combates contra la explotación de feudales y burgueses, por romper las cadenas de la opresión imperialista exigían y planteaban la necesidad de un aguerrido y combativo partido comunista.
El viejo Partido Comunista protagonista de grandes batallas ideológicas y políticas por la libertad y la democracia, de importantes logros en la organización de la clase obrera, del campesinado y la juventud, de importantes jornadas  por la revolución ecuatoriana, había perdido su naturaleza de clase.
Los revolucionarios proletarios que militaban en el viejo PC, consecuentes con los principios y la práctica social, lucharon hasta las últimas consecuencias, contra la degeneración revisionista. Cuando ya no era posible la rectificación ideológica construyeron el nuevo partido revolucionario del proletariado, el PCMLE.
Nacimos con el ímpetu revolucionario de la juventud en medio de los fulgores de la revolución cubana, con la experiencia de probados militantes comunistas, inmersos en el debate ideológico y político contra el revisionismo y el oportunismo, en el seno de una oleada revolucionaria que recorría todos los países y amenazaba de muerte al imperialismo.
Desde entonces, los marxista leninistas venimos bregando por cumplir la responsabilidad histórica de organizar y hacer la revolución.
Van a cumplirse cuarenta años de lucha del partido marxista leninista y hoy en día, somos una realidad, un hecho cierto: una historia, acciones cotidianas, pequeñas y grandes, importantes éxitos ideológicos y políticos, también equivocaciones y reveses.
Somos un destacamento del movimiento comunista internacional marxista-leninista, nos esforzamos por cumplir nuestros deberes internacionalistas; apoyamos sin reservas las batallas de los comunistas, la clase obrera y los pueblos que se libran contra el imperialismo y por la revolución; somos solidarios con los luchadores populares víctimas de la represión de la reacción y el imperialismo. Vamos conquistando experiencias en la construcción del frente antiimperialista en escala internacional.
Contamos con una importante base social revolucionaria. Apreciables sectores de la clase obrera y del campesinado, de la juventud y los maestros, de los pobladores pobres y los pequeños comerciantes, de la intelectualidad; de los pueblos mestizo, indígenas y negro forman parte de la base social del partido, del ejército político de la liberación social y nacional.
Hemos librado grandes batallas ideológicas, políticas y orgánicas en defensa del marxismo leninismo, del partido y su política. Hemos confrontado con firmeza al revisionismo y al oportunismo. De manera sostenida hemos avanzado en la asimilación de la doctrina revolucionaria del proletariado y en el proceso de fusionar el socialismo con el movimiento obrero y popular. Hemos resistido, enfrentado y derrotado sucesivos intentos de la burguesía y el revisionismo por liquidarnos, cambiar la naturaleza de clase del partido, dividirnos y aislarnos de las masas. Hemos crecido en el combate ideológico. Ni la derecha ni los reformistas podrán con el PCMLE, ¡cumpliremos nuestro papel!
La experiencia histórica, la participación activa en el convivir económico, social y político del país, los esfuerzos por estudiar la teoría marxista leninista nos están dotando de un importante bagaje teórico, de espacios significativos en la política. Nuestra voz es escuchada y atendida por un considerable sector de la sociedad.
Decenas de miles de seres confían en la firmeza y la solvencia de nuestros camaradas. Somos depositarios del aprecio y la simpatía de los de abajo; concitamos el odio de los reaccionarios y el imperialismo.

En el crisol de la lucha de clases nos formamos como comunistas

La formación de los revolucionarios proletarios se inicia cuando los luchadores sociales, los hombres y mujeres trabajadoras llegamos al partido y ocupamos una de las trincheras de la revolución. Se desarrolla durante toda la existencia, en la vida partidaria, en el estudio de la teoría revolucionaria, en la lucha de las masas. Concluye cuando rendimos el tributo físico de la vida.

Nuestra responsabilidad de organizar el combate revolucionario de la clase obrera y de los pueblos exige tres condiciones básicas que los miembros del partido tenemos que cumplir indispensablemente:
Elevada convicción ideológica, Estatura de Jefes y Vocación de poder.

La convicción ideológica.

Los comunistas somos luchadores conscientes; asumimos la doctrina revolucionaria del proletariado, el marxismo leninismo como la guía de nuestra acción.
La conciencia revolucionaria no viene con nosotros, con nuestra naturaleza de personas interesadas en las reivindicaciones sociales; no se genera espontáneamente en el curso de la lucha de clases; no se obtiene de una sola vez;  no nos graduamos de comunistas en una escuela del partido.
La conciencia revolucionaria es la fusión de la teoría revolucionaria, la militancia en el partido comunista y la participación activa en la lucha de clases.
 La revolución social del proletariado es una gran empresa de millones de seres. Son las masas trabajadoras las que forjaran su propia liberación. Los comunistas cumplimos la tarea de organizar, unir, educar políticamente y dirigir la lucha de los trabajadores y de la juventud por la liberación social y nacional. Esto significa que debemos conocer, con el propósito de aplicarlos, los principios revolucionarios del marxismo leninismo.
El marxismo leninismo es una ciencia, la ciencia de la revolución social del proletariado y debe ser tratada como tal.
Una buena parte de la vida partidaria, del funcionamiento de la célula y el comité de partido tiene que ser dedicada al estudio de la teoría revolucionaria, de la realidad social y económica de las clases trabajadoras, de las políticas y de los propósitos y medios del imperialismo y de las clases dominantes, de sus partidos políticos.
Evidentemente, el funcionamiento de los organismos partidarios no puede dedicarse exclusivamente al estudio, pero los militantes debemos asumir el compromiso de dedicar buena parte de nuestro tiempo a la lectura y la reflexión. Debemos acostumbrarnos a beber en la fuente de la teoría revolucionaria, en los materiales del partido, en la Línea Política, en el Programa, en las resoluciones y directivas de los Congresos y del Comité Central pero, además, debemos extender nuestra preocupación al conocimiento de los clásicos de la doctrina del proletariado, de Marx, Engels, Lenín y Stalin. El periódico del partido, En Marcha, debe ser un instrumento del trabajo partidario, de agitación y propaganda, de educación política; tiene que ser organizador del partido y de las masas.
Los comunistas tenemos la obligación de elaborar la política del partido y de las masas con la guía del marxismo leninismo, teniendo en cuenta el movimiento social, la situación económica y política, el pasado y el presente. Debemos plantear los caminos y disponer las fuerzas. Esta es una labor seria, debe ser planificada, evaluada y controlada. Para el cumplimiento cabal de estas tareas nos será de gran utilidad un buen nivel cultural, un conocimiento de la historia, de las tradiciones de lucha de las masas. Esto quiere decir que para los revolucionarios proletarios es necesario, indispensable tener un buen conocimiento del marxismo leninismo y simultáneamente un apreciable nivel cultural.
La capacitación teórica de los comunistas no se logra de la noche a la mañana. Toda la vida de los seres humanos es insuficiente para un conocimiento cabal, para la aplicación integral de los principios. Por esa razón debemos proponernos estudiar incesantemente, sin tregua.
La base de la convicción revolucionaria deviene del conocimiento del marxismo leninismo, del compromiso con sus principios, de la decisión de aplicarlos y  en los hechos, luchar con sus orientaciones.
La conciencia proletaria, la militancia comunista es una opción que se prueba todos los días. No existe un comunista perfecto, acabado. Todos somos revolucionarios en formación. Nuestro compromiso de lucha por la causa de los trabajadores nos fortalece, nos forja cotidianamente. Las debilidades ideológicas y el trabajo del enemigo de clase pueden volvernos vulnerables y disminuir el proceso de asimilación de la conciencia.
Al tiempo que batallamos por la libertad y la independencia, luchamos también por nuestra formación como revolucionarios proletarios. El hombre nuevo, integrante de la sociedad de los trabajadores, del socialismo y el comunismo se va expresando en la naturaleza y en el accionar de los militantes del partido revolucionario del proletariado. Somos los seres del futuro que batallamos en el presente por derrumbar a la reacción y el oscurantismo y edificar la sociedad de los trabajadores, el socialismo. La lucha revolucionaria implica también la confrontación ideológica con la reacción y el oportunismo, nuestra forja como comunistas.  Somos los protagonistas del cambio y somos también, los resultados de esa transformación.
Nuestro PCMLE  nos plantea la consigna de pensar, vivir y luchar como comunistas.
Esto quiere decir que en todo lugar y circunstancia, en nuestro sitio de actividad, en la vida partidaria y en la lucha de las masas los militantes tenemos una misma posición. Soñamos y pensamos en la libertad y la igualdad social, trazamos planes y mostramos el camino. Somos sencillos y modestos, solidarios y fraternos, abnegados y consecuentes en el trabajo. Combatimos con decisión y coraje revolucionarios, ocupamos con pundonor nuestro puesto en las primeras filas de la lucha de la clase obrera y los pueblos.
Los marxista leninistas estamos comprometidos con la liberación de los trabajadores, estamos ciertos de la magnitud de esas responsabilidades y las asumimos consecuentemente. Anteponemos los intereses generales, de la clase obrera y los pueblos a los personales y de grupo. La causa del comunismo integra los intereses de millones de seres y entre ellos, los de cada uno de nosotros.

Porte de Jefes Revolucionarios.

Los comunistas marxista leninistas no podemos hacer la revolución solos. La transformación social, el poder popular y el socialismo serán conquistados con la lucha valerosa de millones de trabajadores de la ciudad y el campo. En esa gran hazaña los comunistas tenemos el papel de organizadores y dirigentes.
La clase obrera y los demás sectores populares, en su lucha cotidiana destacan a sus mejores hijos, como sus jefes esclarecidos. Los comunistas surgimos de esa cantera y tenemos el desafío  de asumir plenamente la responsabilidad de organizar y dirigir la revolución.
Estamos dotados de la capacidad y de las cualidades para cumplir esas grandes y nobles tareas.
Tenemos en nuestro acervo teórico la teoría más avanzada que ha formulado la humanidad a lo largo de su existencia, el marxismo leninismo. Esa herramienta teórica nos dota de los conocimientos y la experiencia necesaria para unir, educar, organizar y dirigir a las masas.
Tenemos la razón histórica, la causa del comunismo, la emancipación de los trabajadores constituye el estadio superior de la sociedad y, advendrá necesariamente. Somos abanderados de la ciencia, de la investigación y la experimentación, nos oponemos a las cosas establecidas. Estamos con lo nuevo contra lo viejo. Somos la expresión de lo que nace, de aquello que tiende, de manera natural, a crecer y desarrollarse.
Los comunistas, marxista leninistas, debemos ganarnos la dirección de las masas. Nuestra calidad de jefes revolucionarios no viene dada por decreto. Es nuestra actitud y labor en el proceso de vincularnos a las masas, de conocer sus problemas e inquietudes, sus sueños e intereses; de llevarles en su escenario y en sus condiciones la teoría revolucionaria, la política del partido; de unirlas y organizarlas para el combate reivindicativo inmediato y para los objetivos mediatos la que nos dará la confianza y el afecto de las masas, la que nos convertirá, en un proceso, en jefes revolucionarios.
La calidad de dirigentes revolucionarios se demuestra en los hechos: en la disposición para escuchar las inquietudes y las propuestas de las masas; en la capacidad de trazar el camino y guiar a las masas en la conquista de sus derechos inmediatos; en la abnegación y la persistencia, en el empeño que pongamos para encabezar la lucha; en la firmeza, el valor y la consecuencia en la conducción de esos combates; en la facultad para resumir las experiencias, evaluar los resultados y reemprender las jornadas.
Cuando los comunistas nos despojamos de los aires de sabelotodo, cuando asumimos con sencillez la labor de difundir nuestras propuestas, cuando nos revestimos de la paciencia necesaria para entender los problemas y las inquietudes de las masas, cuando somos capaces de persistir, a pesar de las dificultades, en el cumplimiento de las tareas revolucionarias nos vamos convirtiendo en personas que los hombres y mujeres sencillos del pueblo escuchan, atienden y confían; en guías y ejemplo que los demás luchadores sociales se disponen a seguir.
El valor de los revolucionarios proletarios no se mide en actos individuales, por heroicos y grandiosos que sean; se expresa en la capacidad de concitar la confianza de los demás y guiarlos, con firmeza y consecuencia, en la lucha por conquistar sus intereses inmediatos y de largo plazo.
El papel dirigente de los militantes comunistas es incompatible con las poses autoritarias y prepotentes, con la vanidad y el egoísmo, con las actitudes sectarias y aislacionistas. Esas son manifestaciones de la ideología burguesa y pequeño burguesa que  suelen incidir en la vida y la práctica de algunos de nuestros camaradas. Debemos luchar, de manera intransigente, contra esas desviaciones ideológicas.
Nuestra calidad de organizadores y dirigentes de la revolución no nos otorga privilegios, por lo contrario, nos da mayores responsabilidades. Somos militantes del partido y nuestra labor cotidiana afirma y desarrolla el liderazgo y la jefatura del PCMLE entre la clase obrera y los pueblos del Ecuador. Somos dirigentes populares revolucionarios en la medida que hacemos parte del dirigente y líder colectivo, nuestro Partido Comunista Marxista Leninista.
Debemos convertirnos cada vez, en mejores  jefes revolucionarios de las masas.

Vocación de poder.

La razón de la existencia del partido revolucionario del proletariado es la lucha por la sociedad sin clases, por el comunismo. Estos altos objetivos sólo se pueden alcanzar derrocando la dictadura del imperialismo y la burguesía e implantando el poder popular, la dictadura del proletariado y de las otras clases trabajadoras.
Con ese propósito nos organizamos como partido comunista. A esos objetivos debe estar dedicada toda la actividad de militantes y dirigentes.
La Línea Política del Partido señala de manera enfática que todas las acciones, la lucha por los intereses inmediatos de las masas, la oposición  a las políticas antipopulares y antinacionales de todos los gobiernos de la burguesía; la propaganda política, la lucha ideológica contra el oportunismo y el revisionismo; la organización sindical y las huelgas de los trabajadores, los combates de la juventud, la lucha por la vigencia de la democracia y las libertades públicas, la participación en las elecciones de la democracia representativa, los levantamientos populares y la lucha armada revolucionaria son medios, recursos para la acumulación de fuerzas que nos permitirán crecer y dar las batallas finales por la conquista del poder.
Sólo desde el poder la clase obrera y los pueblos pueden llevar plenamente a la práctica sus propuestas sociales y políticas. Sólo desde el poder podremos construir el socialismo y el comunismo.
En la lucha por el poder alcanzamos derechos materiales y políticos importantes que deben ser defendidos y desarrollados; vamos conquistando espacios que tenemos que utilizar como nuevas trincheras en la lucha por subvertir el sistema, para acrecentar nuestra base social, para educar a las masas; para acopiar experiencias y demostrar nuestra capacidad para dirigir la nueva sociedad.
Los militantes del partido debemos asumir cotidianamente que somos combatientes por el poder popular y el socialismo. La protesta, el reclamo, la huelga, la movilización nos colocan en el crisol de la lucha de clases, pueden y deben conducirnos a crecer, a hacernos fuertes para nuevas y nuevas batallas. Para que eso ocurra, cada una de esas acciones, debe convertirse en el escenario y las condiciones para educar a las masas respecto de la necesidad del poder y  de su papel en ese cometido, para acerar nuestra calidad de comunistas, para incorporar nuevos combatientes a las filas del partido. Debemos tener presente que también pueden enredarnos en el círculo vicioso de la lucha reformista. Por esa razón los concebimos como un medio para el proceso de acumulación de fuerzas revolucionarias; como una práctica que tenemos la obligación de cumplirla, como una parte de la larga marcha por la conquista del poder y no como un fin, ni para las masas y menos para el partido.
La militancia en el partido comunista nos impele a organizar nuestra vida y la actividad revolucionaria  para que se conviertan en una batalla persistente por la conquista del poder.

La identidad de los comunistas ecuatorianos


La historia del PCMLE es la confrontación de la clase obrera y de los pueblos del Ecuador por su liberación social y nacional, es el hacer cotidiano de las masas trabajadoras, el sindicato y la asociación, la organización nacional de los indios y los negros, es la lucha reivindicativa y política librada contra la opresión y explotación del imperialismo y los capitalistas, es el pensamiento y la acción de todos y cada uno de sus miembros, del militante que ingresó hoy día a una de sus células y de los integrantes del Comité Central.
Son casi cuarenta años de organización y de lucha; de esfuerzos por asimilar el marxismo leninismo y conjugarlo con la realidad social; de combate contra las oligarquías y el imperialismo; de desenmascaramiento y repudio al oportunismo y al revisionismo; de victorias pequeñas y significativas, de reveses y problemas. Este proceso va enraizando  al partido en el seno de los trabajadores y la juventud, lo va acerando; lo va convirtiendo en la vanguardia de la clase obrera y de la revolución ecuatoriana, lo conducirá, necesariamente, a la victoria.
Este devenir del partido revolucionario del proletariado va forjando a los militantes, los va convirtiendo en protagonistas de la lucha por el comunismo.
La militancia en el PCMLE nos va dotando de una identidad revolucionaria proletaria. Los miembros del partido somos reconocidos por las masas por la firmeza política, por la claridad de miras, por el valor en el combate, por la consecuencia con los intereses de las masas, por la capacidad dirigente.
Los diversos sectores sociales en donde trabajamos y combatimos los comunistas tienen confianza en la naturaleza revolucionaria del partido y en la calidad y la acción de los militantes. El enemigo de clase nos identifica por el carácter de nuestras propuestas políticas, por el coraje que ponemos en la lucha y por eso nos acusa de terroristas, de garroteros y tirapiedras, de intransigentes; pretende aislarnos y derrotarnos pero no lo ha conseguido.
Debemos afirmar esa identidad, demostrar en los hechos y todos los días el valor y la consecuencia, la sencillez y la solidaridad.
Esa identidad debe, sin embargo, crecer y desarrollarse; debemos dotarla de una mayor capacidad política, de un estilo de trabajo que combine la protesta y la propuesta; que permita la explicación sencilla y cabal de la propuesta al tiempo que la decisión de convertirla en acción, en lucha de las masas; el discurso de los comunistas debe integrar, en mayor medida, la explicación clara, sencilla y argumentada con la arenga política, la agitación y la voz de orden, con el llamamiento al combate.
Los comunistas somos así: claros, capaces, corajudos y peleadores, participamos en la lucha  y sabemos conducirla a la victoria.
La identidad de los  marxista leninistas es expresión de la vigencia de la conciencia revolucionaria proletaria, de la adhesión al marxismo leninismo, del compromiso por aplicarlo en la lucha de las masas; es el sentido de pertenencia al partido; es resultado de la vida partidaria, de la vigencia de la democracia proletaria, del carácter leninista del partido; es consecuencia de la educación política, de la crítica y la autocrítica, de la lucha ideológica.

La vida de los comunistas es patrimonio de la revolución

Los marxista leninistas prometemos entregar la vida por la revolución, por la causa del comunismo.
Esta es una afirmación verdadera y no solamente, una declaración lírica, emotiva.
 Este compromiso se expresa cotidianamente. Toda la capacidad intelectual, los mejores esfuerzos, la vitalidad y la energía las dedicamos a la organización de la clase obrera, de las otras clases trabajadoras y la juventud, al fortalecimiento de la organización social y nacional de los pueblos, a la educación política de las masas, a la conducción de la lucha de los oprimidos y explotados. Nuestra principal preocupación personal se dirige a perfeccionar el acervo teórico, la asimilación del marxismo leninismo.
Esto quiere decir que la decisión de dedicar nuestra existencia a la revolución se expresa intensamente, en la acción persistente, vívida de organizar la revolución.
Los comunistas amamos la vida,  luchamos por ella. La revolución es la más alta magnitud de la vida. En ella se expresa más intensamente el ser humano: en la abnegación para el trabajo revolucionario, en la capacidad de resistir a la represión y a la tortura, en las alegrías de los triunfos, en la reflexión para desentrañar las causas y los responsables de las derrotas. El socialismo es la única opción para que la vida sea plena, espiritual y materialmente.
En el proceso de organizar la revolución enfrentamos a  enemigos poderosos, al imperialismo y los reaccionarios, a la burguesía y sus sirvientes que están dispuestos a defender sus intereses y privilegios. Nosotros tenemos la decisión de derrocarlos y estamos ciertos de que corremos riesgos, de que la victoria revolucionaria tiene costos y que debemos pagarlos. Si en el curso de la lucha liberadora tenemos que rendir el tributo de la vida, lo enfrentaremos con firmeza y valor.
Todas las revoluciones, en todos los países y los tiempos exigieron una cuota de sacrificio. Varios de nuestros camaradas  pagaron con su vida la osadía de luchar por el poder popular y el socialismo. No murieron en vano. Su ejemplo nos compromete mucho más con la causa. Prometemos luchar como ellos, con decisión y coraje proletarios.

Luchadores por la unidad popular y revolucionaria


Los comunistas valoramos en alto grado la unidad de la clase obrera y de los pueblos, de los demócratas y patriotas, de los izquierditas y revolucionarios y trabajamos consistentemente por alcanzarla.
Estamos claros respecto de que no es una tarea sencilla, tenemos experiencias muy importantes respecto de varios procesos unitarios exitosos y, también de dificultades y aún de fracasos, en su consecución.
La revolución no puede avanzar de manera sostenida y alcanzar la victoria si no se concreta la unidad de sus protagonistas.
Trabajamos por la unidad todos los días, en todos los lugares y circunstancias. En la organización social, en el sindicato y la comuna, en la cooperativa y el comité; entre las organizaciones sindicales y sociales; en los foros y debates; en la asamblea y en la acción; en la trinchera y en la carga; en la evaluación y el trazamiento de nuevas tareas.
La política del PCMLE es unitaria, tiene en cuenta los intereses del conjunto de las clases trabajadoras y de los pueblos; exhibe propuestas para sumar y no restar; cuenta con la disposición de discutir sus  planteamientos y no de imponerlos, de enriquecerlos con la contribución de las otras fuerzas. Evidentemente, el Partido, no está obligado ni dispuesto a renunciar a su proyecto estratégico, a los intereses de la clase obrera pero tiene la comprensión de que esos intereses se conjugan con los de las otras clases trabajadoras y los pueblos del Ecuador y pueden, por tanto, expresarse en acuerdos programáticos y políticos de carácter inmediato y, de mediano y largo plazo.
Los militantes comunistas llevamos esa política a las masas y a las demás fuerzas y combatientes populares. Somos unitarios y no divisionistas. Nuestra principal preocupación en este aspecto es concretar la unidad en cada momento y en todas las acciones.
Para ser siempre un factor de unidad, los marxista leninistas debemos aprehender firmemente las orientaciones del Partido y luchar por su aplicación en todos los terrenos.
Hace falta, desde luego, continuar el combate ideológico y político a determinadas posturas sectarias que suelen aparecer en algunos de nosotros en determinadas condiciones. Esas actitudes no corresponden a la Línea del Partido, son incompatibles con nuestra calidad de revolucionarios proletarios y debemos erradicarlas.

Creativos, opuestos a los dogmas

Con frecuencia los reaccionarios nos acusan de ser esquemáticos, de tener un discurso rígido y reduccionista. Nos endilgan calificativos de mecanicistas, de pretender hacer en el país lo que hicieron los bolcheviques en Rusia, o los revolucionarios en Cuba; de exhibir ideas extrañas, ajenas a la realidad nacional. En los últimos tiempos insisten en la tesis del fracaso del socialismo; nos tildan de desfasados, de dinosaurios políticos.
Estos infundios forman parte del arsenal contrarrevolucionario, están dirigidos a disminuir  y desnaturalizar nuestras políticas, a aislarnos de las masas trabajadoras y de la juventud, a la pretensión de derrotarnos.
Las lacras del capitalismo, la opresión y explotación de los trabajadores, la expoliación de los países dependientes por parte del imperialismo constituyen la razón para la existencia y la actividad de nuestro partido.
Constituimos una necesidad para la causa de la liberación social y nacional. Nuestra filosofía tiene vigencia plena, es la respuesta verdadera a la desigualdad social, es la guía para construcción de la sociedad de los trabajadores.
El marxismo leninismo es la doctrina de la clase obrera, es la concepción más avanzada; es resultado de la abstracción de la práctica social de los trabajadores, del análisis más cabal de la naturaleza del sistema capitalista y del imperialismo. Es una interpretación del mundo y una guía para su transformación. Es patrimonio de los trabajadores del mundo, de todos los pueblos de la tierra. Es una teoría justa y revolucionaria, probada históricamente. No es ajena para los obreros de ningún país, por el contrario, corresponde fielmente a sus intereses liberadores. No es extraña para ningún pueblo de la tierra, es una herramienta para la lucha por su independencia.
Los marxista leninistas no somos mecanicistas, no pretendemos que las experiencias de otras revoluciones se puedan reproducir en el país y en nuestros días. Tenemos la certeza de la validez de los principios y estamos conscientes de la necesidad de su aplicación en las condiciones concretas de la revolución ecuatoriana. Estamos  trabajando por que esa circunstancia sea una realidad.
Para nosotros todas las revoluciones victoriosas son experiencias que las estudiamos con atención, como lo hacemos con los procesos que no consiguieron el triunfo. Esas realizaciones de los trabajadores y los comunistas son referencias, nos muestran lecciones y como tales, las asumimos.
Los comunistas estudiamos el marxismo leninismo para aplicarlo; con nuestra práctica social lo vamos comprendiendo mejor y lo  enriquecemos. Somos abiertos a las inquietudes y al debate, creativos.
“El marxismo leninismo no es un dogma, es una guía para la acción”. Este es un principio que lo asimilamos y nos esforzamos por aplicarlo.
Los revolucionarios proletarios no nos casamos con los esquemas, no pretendemos que las cosas se den como ayer y o como lo hicieron otros revolucionarios.  No somos dogmáticos. Pensamos con nuestra propia cabeza, luchamos con empeño y decisión, “hacemos camino al andar”.
Toda la historia del PCMLE es testimonio fehaciente de la capacidad creadora de la dirección y la militancia, de las iniciativas políticas y organizativas que nos han permitido tener una presencia significativa en la vida del país, ganar el afecto y la confianza de los trabajadores y campesinos, de los maestros y la juventud ecuatorianos. Esa disposición para atrevernos a dar la cara, a plantear propuestas y a luchar por ellas debe ser alimentada cotidianamente, en la práctica social, por toda la membresía.
Tenemos una guía y unos objetivos y, la posibilidad de alcanzarlos, pasa por atrevernos a pensar y actuar como comunistas, que cumplimos nuestras responsabilidades, en el Ecuador de los 2000.

Tarea trazada tarea cumplida


Los reaccionarios anticomunistas nos atacan acusándonos de autómatas, de militantes obedientes, ciegos, que cumplimos las órdenes de la dirección, que somos incapaces de pensar y actuar de manera personal. Para ellos la unidad de  pensamiento y de voluntad, la práctica política  que manifestamos todos los miembros del PCMLE sólo se puede explicar con esas razones. No lo pueden entender de otra manera puesto que, en sus diversos partidos políticos, se expresan las individualidades, los intereses personales y de grupo; toda vez que, la ideología burguesa y pequeño burguesa se afirman en el personalismo, en la propiedad privada.
Los marxista leninistas actuamos siempre, en todas las condiciones y lugares con la misma política; cumplimos con decisión, iniciativa y audacia todas las orientaciones de la dirección del partido; pugnamos, con abnegación y persistencia por transformar la política revolucionaria del partido en una gran fuerza material de las masas trabajadoras en lucha por su liberación.
Para nosotros la consigna: Tarea trazada, tarea cumplida expresa el carácter de clase, la justeza de las orientaciones, la calidad y la capacidad del partido y por esa razón nos disponemos a cumplirla celosamente; la consideramos parte consustancial de la naturaleza de nuestra militancia; nos sentimos orgullosos de cumplirla. La disciplina revolucionaria proletaria es consciente, no impuesta; pero es una disciplina de hierro que distingue e identifica a los comunistas.
Esta situación es consecuencia del carácter leninista del PCMLE, de la vigencia plena de la democracia en la toma de decisiones y de la responsabilidad personal de los comunistas en su aplicación.
El centralismo democrático nos permite elaborar una política justa y revolucionaria, con  la participación de todos los militantes, con voz y voto. Cómo esas políticas y resoluciones   expresan los principios y también la voluntad de los comunistas, de manera natural se convierten en la política de todo el Partido y la llevamos a la práctica, en todas las condiciones.
Elegimos una dirección de manera democrática y tenemos el derecho de revocar su mandato. Los camaradas que integran los diversos órganos de dirección tienen nuestra confianza y deben reafirmarla con su práctica; por esa razón tenemos la disposición de llevar hasta el fin el cumplimiento de las orientaciones partidarias.
La fortaleza del partido se expresa cotidianamente en la unidad ideológica y política y esa unidad se manifiesta en la práctica social de todos los marxista leninistas.
   

Crecer para vencer


La responsabilidad de organizar y hacer la revolución ecuatoriana la venimos cumpliendo de manera sostenida.
En ese proceso vamos acumulando experiencias y sumando fuerzas sociales y políticas. Nadie que haga política en el país puede negar nuestra existencia. El imperialismo norteamericano, los grupos económicos burgueses y sus partidos políticos, los organismos de espionaje y represión, policiales y militares nos tienen en la mira. Una buena parte de los trabajadores y los pueblos, de la juventud tienen confianza en nosotros, nos miran con simpatía y aceptan nuestras políticas.
Venimos creciendo, pero aún somos un partido pequeño, con limitaciones y debilidades.
Sobre todo, somos un partido revolucionario, marxista leninista; tenemos una línea política revolucionaria, básicamente correcta, válida para avanzar en el proceso de organizar la revolución; contamos con una importante base social. Tenemos la capacidad y la potencialidad de superar esas debilidades y avanzar más rápido en el cumplimiento de nuestras tareas.
La lucha social y política que se viene librando los últimos años en el país nos ha tenido como uno de los protagonistas; hemos contribuido a profundizar esos combates populares y a desbrozar los caminos, a fortalecer la unidad popular y revolucionaria. Ese proceso se va a desenvolver a nuevos niveles y nos plantea el desafío de desarrollarnos con él, con el propósito de fortalecerlo, darle rumbo revolucionario y conducirlo a puerto.
La crisis general que se agudiza golpea de manera principal a los trabajadores y a los pueblos, a la juventud;  plantea la necesidad en enfrentarla con la lucha popular para resolverla a favor de los trabajadores, con la conquista del poder popular. Esas grandes expectativas y tareas requieren de un partido más grande y combativo, de un partido numeroso y de calidad.
El desarrollo del partido y de sus fuerzas tiene que cumplirse manera multilateral. El partido debe enriquecer su nivel teórico político, fortalecer y acerar la dirección en todos los niveles, avanzar en la elaboración de la política revolucionaria, del proyecto emancipador de los trabajadores y los pueblos; debe ampliar los vínculos ideológicos y políticos con las masas,  convertirse en referente para la juventud; debe constituirse, de manera natural,  en el puesto de combate para miles y miles de nuevos militantes.
En estas condiciones está planteado el desafío.
La consigna de nuestro Sexto Congreso, crecer para vencer, es una necesidad y una voz de orden.
Los comunistas la asumimos y nos disponemos a cumplirla. 


Ecuador, noviembre de 2003

ASI NACIO EL PCMLE



Pablo Miranda

ASÍ NACIÓ EL PCMLE

(Artículo publicado en la Revista de Unidad y Lucha No. 19, Órgano de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista Leninistas –CIPOML-, en octubre de 2009. Es una rápida ojeada a los orígenes del PCMLE y a las perspectivas de su desarrollo)
    “Nacimos como un puñado de revolucionarios proletarios, enfrentando a la represión anticomunista que ilegalizó al Partido, persiguió, apresó, desterró y asesinó a varios comunistas y revolucionarios ecuatorianos; insurgimos en franco combate ideológico y político a la camarilla revisionista que se había apoderado de la dirección del viejo partido; nos involucramos abiertamente en el combate antidictatorial en las calles y plazas del país; siempre, en todas las circunstancias nos esforzamos por estrechar los vínculos entre el partido y las masas trabajadoras, entre el partido y la juventud.
Ahora, somos un partido diferente, hemos crecido. Tenemos un lugar importante en el seno de la clase obrera y las demás clases trabajadoras, incidimos entre los pueblos indígenas y negro, entre la juventud. Pero, evidentemente, somos todavía un partido pequeño que debe desarrollarse en profundidad y amplitud, que debe multiplicarse numéricamente y calificarse ideológica y políticamente.
Mañana seremos un partido más robusto y correcto, mejor pertrechado del marxismo leninismo, más experimentado y aguerrido, un partido en capacidad de conducir a las masas trabajadoras, a los pueblos y a la juventud ecuatorianos a la lucha victoriosa por el poder popular y el socialismo” (Acumular fuerzas, crecer para vencer.- Pablo Miranda.- Revista Política No. 20.Marzo 2005)
Corrían los años sesenta del siglo XX, el mundo, América Latina y el Ecuador eran escenario de un vigoroso auge de la lucha revolucionaria de los trabajadores y los pueblos. El viejo mundo colonial se hacía añicos destrozado por la lucha de liberación nacional de los pueblos y países de África, Asia y América Latina, nacieron decenas de nuevos países. Los trabajadores con la clase obrera a la cabeza desplegaban poderosas luchas por sus intereses y derechos, las jornadas huelguísticas alcanzaban importantes conquistas laborales. El campesinado luchaba por la tierra y se involucraba en las batallas por la liberación nacional. La juventud estudiantil irrumpía vigorosa en todos los continentes y países; se expresaba valerosamente en la lucha por sus derechos y aspiraciones; se involucraba activamente en la lucha guerrillera que se libraba en campos y ciudades; se expresaba entusiastamente en la solidaridad con la lucha revolucionaria y democrática, en la lucha por la paz. La intelectualidad progresista se sumaba a la corriente liberadora que recorría victoriosa por la gran mayoría de países, incluidos los propios países imperialistas. La revolución y el socialismo eran  el norte de las grandes manifestaciones de la lucha de los trabajadores y los pueblos
El crecimiento económico ocurrido luego del fin de la Segunda Guerra Mundial tocaba techo en la gran mayoría de países capitalistas y el fantasma de la crisis económica amenazaba la economía y la sociedad,  el proceso de acumulación y concentración de los grandes monopolios y países imperialistas y sobre todo las condiciones de vida de las masas trabajadoras.
La contrarrevolución acudía a todos los recursos en el afán de detener el auge de la lucha revolucionaria. Las fuerzas imperialistas de EE.UU. se expandían por el mundo sembrando bases militares y ojivas nucleares; invadían con fuerzas militares los países en donde estaban en peligro sus intereses: Cuba, Vietnam, Camboya, Congo entre otros; ordenaron e impusieron golpes militares en casi todos los países de América Latina; cosa igual hacían en Asia y África. Iguales posiciones y actitudes desenvolvían los  imperialistas  ingleses y franceses.
La batalla ideológica y política por subvertir el socialismo y combatir el comunismo desatada ferozmente por el imperialismo, la burguesía y la reacción alcanzó un importante triunfo con la reversión del proceso de construcción del socialismo en  la URSS, con el asalto de la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética por parte de la camarilla de traidores y oportunistas acaudillados por Jrushov, con la transformación de   la URSS en una superpotencia social  imperialista, con la desintegración del campo socialista, con la degeneración de una gran parte de los partidos comunistas de todas las regiones y continentes.
Eran años de intensa confrontación entre el trabajo y el capital, entre los pueblos y el imperialismo, entre la izquierda y la derecha, entre los reformistas y revolucionarios, entre los marxistas leninistas de  lado de los trabajadores y los pueblos y, los oportunistas y revisionistas de lado de los capitalistas y el imperialismo.
En el seno del Movimiento Comunista Internacional se librababa una intensa batalla entre el marxismo leninismo y el revisionismo contemporáneo. Los oportunistas con el pretexto del cambio de los tiempos, del aparecimiento de nuevos fenómenos sociales, económicos y políticos recuperaron viejas tesis de los Kausky y Beristaín, elaboraron otras nuevas y con el paraguas y el prestigio de la Unión Soviética, del Partido de Lenin  las difundieron en el seno del movimiento obrero y revolucionario. Denigraron y renegaron de Stalin, de la grandiosa obra de construcción del socialismo. Renunciaron a la revolución y el socialismo, se sometieron al imperialismo y a la reacción. Negaron la dictadura del proletariado y enarbolaron la tesis del “estado de todo el pueblo”. Renegaron del partido de la clase obrera y propusieron “el partido de todo el pueblo”. Plantearon la “vía pacífica” para la conquista del poder, en realidad renunciaron a esa responsabilidad y siguieron el camino de las reformas. Esgrimieron la tesis de “la competencia pacífica” entre el socialismo y el capitalismo. En los hechos transformaron al partido comunista en un partido reformista, desarticularon el movimiento obrero y traicionaron varios procesos revolucionarios en marcha.
En oposición a estos infundios contrarrevolucionarios propagados en nombre del comunismo se levantaron en todos los países los verdaderos comunistas, los marxista leninistas consecuentes. La lucha fue enconada y dura. Entre los partidos en el poder se erigieron como defensores del marxismo leninismo el Partido de Trabajo de Albania y el Partido Comunista de China, éste último degeneraría posteriormente en otra variante del revisionismo. En la gran mayoría de partidos se enfrentó una dura contienda ideológica y política que culminó en la creación de varias decenas de partidos que se reclamaban marxista leninistas. Surgieron desde fuera del Movimiento Comunista otras organizaciones y partidos que se reclamaron como el partido revolucionario del proletariado.
En América Latina triunfó la revolución cubana echando a la basura la tesis oportunista del “fatalismo geográfico” según  la cual era imposible hacer la revolución en el patio trasero del imperialismo norteamericano. Se desarrollaba un gran movimiento de las masas trabajadoras, el campesinado y la juventud. Se desenvolvía la lucha guerrillera en la gran mayoría de países. Surgieron varios partidos marxista leninistas y también buen número de organizaciones revolucionarias de la pequeño burguesía que incluso tomaron las armas por el revolución y en pos del ideal del socialismo.
En el Ecuador los hechos reflejaban una situación similar:
El proceso de relativa estabilidad económica y política de los años 50 tocaba a su fin.
La acumulación permitida por la transformación del país en una república bananera cerraba su ciclo por el comercio desigual, la competencia de Centro América y África, debido al aparecimiento la enfermedad de la sigatoka negra que derrumbó la pequeña y mediana plantación bananera y facilitó la concentración de la producción y exportación; el modelo de sustitución de importaciones impulsado por la CEPAL en otros países de América Latina no tuvo ningún impacto en el Ecuador que siguió siendo un país exportador de productos agrícolas e importador neto de la producción manufacturada.
 Velasco Ibarra fue elegido abrumadoramente para su cuarta Presidencia y era derrocado por la lucha popular y la agudización de las contradicciones entre las clases dominantes poco después de un año. Se implantó una dictadura militar anticomunista para detener la lucha de las masas y,  que también fuera derrocada  por la marejada popular y el reajuste de cuentas entre los dominantes. Se impusieron dos gobiernos interinos y una nueva elección presidencial de Velasco Ibarra. Funcionó una Asamblea Constituyente que parió una nueva Constitución.
La clase obrera desarrollaba su organización sindical, la lucha por sus derechos y se involucraba en la lucha política; el campesinado irrumpía en las haciendas, las tomaba y golpeaba al latifundio, la juventud estudiantil participaba activamente en la lucha social y política. El país vivía un ascenso de la lucha de las masas, la lucha reivindicativa se elevaba a niveles generales y políticos. Las fuerzas del imperialismo y la oligarquía, la reacción instigaban abiertamente el golpe militar para quebrar el auge de los combates populares. La derecha más recalcitrante en contubernio con la jerarquía de la iglesia católica planteaba la lucha política como una confrontación religiosa, organizaba grandes procesiones y misas para condenar el comunismo al tiempo que orquestaba bandas de terroristas que ponían bombas en las iglesias para inculpar a los comunistas.
En las filas de la izquierda se expresaba la magnitud de la situación, el crecimiento de las fuerzas y la demarcación de posiciones. El Partido Socialista se dividió en dos alas, la amarilla, abiertamente conciliadora y acomodaticia,  y la revolucionaria que constituyera el Partido Socialista Revolucionario. Nacía la URJE (Unión de Juventudes Revolucionarias del Ecuador) que levantó grandes expectativas e incursionó en la intencionalidad de la organización de la lucha guerrillera. El viejo Partido Comunista se partía entre los reformistas y los revolucionarios dando origen al Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador, el  PCMLE.
El desarrollo de la lucha de clases en el país se expresaba en la aguda confrontación de las masas trabajadoras contra las oligarquías, en el crecimiento de la conciencia antiimperialista, en la lucha huelguística, en las grandes concentraciones y movilizaciones populares y juveniles, en el crecimiento de las organizaciones revolucionarias. Se desarrollaba un intenso debate sobre la necesidad y urgencia de la revolución ecuatoriana.
El viejo partido comunista estaba cambiando de naturaleza; la camarilla que estaba encaramada en la dirección de tiempo atrás venía asumiendo las posiciones revisionistas impartidas por el bastón de mando del partido de la URSS. Paulatinamente venía sosteniendo la necesidad de ponerse a tono con los tiempos, de ser alumnos de las nuevas enseñanzas de la URSS y del PCUS. Buena parte de la política del partido se enfrascaba en las prácticas parlamentarias, en acuerdos y alianzas con el partido liberal y otros sectores de la burguesía.
En el interior del partido se librababa una activa lucha ideológica entre las tesis revolucionarias marxista leninistas y las propuestas y planteos de la camarilla dirigida por Pedro Saad, Secretario General del Partido.
Se pusieron al orden del día el debate entre la necesidad y la posibilidad de la revolución por un lado y la lucha por el bienestar del pueblo por otro; sobre la vía de la revolución, si estaba vigente la lucha armada revolucionaria o era posible la vía pacífica; sobre la naturaleza del partido, si se construía como un partido de cuadros estrechamente vinculado a las masas o se conformaba un “partido de masas”, de afiliados; sobre el rol del campesinado en la revolución ecuatoriana, si era una fuerza de la revolución o no; sobre si la burguesía nacional cumpliría un rol revolucionario o constituía una fuerza a ser neutralizada; sobre si la lucha por la paz reemplazaba a la organización de la revolución.
Este debate político colocó a la mayoría del partido, principalmente a los militantes de la Juventud Comunista de lado de las posiciones revolucionarias. Esta circunstancia obligó a la dirección del partido a maniobrar para aparecer como abanderada de esas posturas. Utilizaron la palabrería revolucionaria para ocultar su verdadera naturaleza de reformistas.
En 1962 tuvo lugar el séptimo congreso del partido y el desarrollo de las discusiones de los documentos vislumbraba el triunfo arrasador de las posiciones revolucionarias y la derrota de las propuestas conciliadoras y reformistas defendidas por la camarilla de Saad. Vísperas del congreso, el Comité Central del Partido cambio radicalmente su propuesta. Proclamó la necesidad y la urgencia de la revolución ecuatoriana, la vigencia de la “vía no pacífica” de la revolución y la tarea de organizar la lucha armada revolucionaria. En el congreso mismo, el propio Saad proclamo la constitución del ejército revolucionario y la decisión del partido para que el asumiera la comandancia del mismo.
Funcionó la maniobra, el congreso aprobó por aclamación esas orientaciones políticas y eligió la nueva dirección ratificando a la gran mayoría de la camarilla de reformistas y traidores; de esta manera el viejo partido comunista proclamaba la revolución y su dirección trabajaba por sabotearla.
La lucha ideológica continuó: los dirigentes consecuentes y las bases del partido exigían el cumplimiento de las resoluciones y orientaciones del séptimo congreso; los revisionistas proclamaban esas políticas y simultáneamente impulsaban políticas conciliadoras con la burguesía; en esos momentos y circunstancias llegaron a calificar al Presidente Carlos Julio Arosemena  como el personaje que podría encabezar la revolución ecuatoriana. Al mismo tiempo en escala internacional hacia coro a las posiciones del PCUS, eran incondicionales de sus decisiones en todos los foros y reuniones.
En mayo de 1963 esa lucha ideológica y política hizo crisis en el interior del Comité Central. La mayoría cerró filas con Saad y sus conmilitones y expulso del partido a tres miembros del CC que defendían las tesis marxista leninistas.
Estas nuevas condiciones plantearon la escisión: los comunistas verdaderos entendieron que ya no era posible la lucha en el interior del PCE, que se planteaba la necesidad de constituir un nuevo partido. Comprendieron también la necesidad de continuar la lucha al interior del partido con el propósito de esclarecer entre las bases la naturaleza revisionista del grupo de Saad y de ganar para el verdadero partido comunista a la militancia más consecuente.
En Pichincha circuló, animado por los marxista leninistas el periódico Revolución en cuyas páginas de desenvolvió activamente el debate, se confrontó las tesis revisionistas y se sustentaba las posiciones revolucionarias. Fue un buen instrumento para el debate y la construcción del partido.   
En julio de 1963 el imperialismo norteamericano ejecutaba el golpe de estado que derrocó a Carlos Julio Arosemena e impuso una feroz dictadura anticomunista que ilegalizó al partido comunista, persiguió, reprimió, apresó y torturó a centenares de dirigentes populares y revolucionarios, que asesinó en las cárceles y en las calles a varios comunistas y revolucionarios.
Esta dictadura se veía venir: la derecha, la iglesia católica, los partidos conservador y liberal la reclamaban abiertamente, pedían a los militares poner orden en el país. El movimiento obrero y popular, el campesinado y la juventud continuaban la lucha impulsados por los comunistas y otros revolucionarios.
La dirección del partido proclamaba que el golpe no pasaría, que se lo frenaría con la lucha popular, que el partido estaba preparado para responder. Era parte de la fraseología para engañar a las masas y a la bases del partido. El golpe de estado se produjo al medio día del 11 de julio, por la noche la gran mayoría del CC y de los Jefes provinciales del partido eran apresados en sus domicilios demostrándose de esa manera como estaban preparados para la resistencia y la lucha revolucionaria. Los hechos desenmascararon la naturaleza cobarde y acomodaticia de la camarilla revisionista. En realidad, esa circunstancia les permitía justificar su inoperancia, pues como lo decían, no se podían hacer la revolución desde la cárcel.
Una parte de los comunistas verdaderos que participaban en la lucha del pueblo fueron apresados con anterioridad al golpe militar, en el curso mismo de los combates de las masas. El día de la asonada golpista ningún camarada pudo ser apresado.
Inmediatamente después del golpe militar correspondía la responsabilidad de preservar las fuerzas y continuar la lucha revolucionaria y por la construcción del partido y a esa tarea se dedicaron con entusiasmo y en medio de grandes dificultades los camaradas que estaban al frente de la organización.
En diciembre de 1963 una reunión ampliada de los cuadros y dirigentes de los comités provinciales de Pichincha y Guayas del Partido Comunista, resolvió elegir una dirección nacional provisional y hacer públicos las posiciones políticas y las divergencias existentes entre los comunistas y los revisionistas.
En la resistencia a la represión dictatorial y la organización sindical y de masas los marxista leninistas enfrentaron también la tarea de construir el partido, de ganar a lo más granado de la membrecía comunista y reclutar nuevos militantes. En esa labor enfrentaron la persecución de las fuerzas policiales y la labor de delación de los miembros de la camarilla revisionista.
Se trataba de un trabajo intenso y tesonero, en condiciones muy difíciles que daba frutos, que planteaba la perspectiva cierta de la organización del partido.
En junio de 1964 debía realizarse el Congreso constitutivo del Partido. Estaban dados los pasos fundamentales para la celebración. Un cerco policial en el barrio donde debía cumplirse la reunión obligó a suspender esa convocatoria.
El 1º. de agosto de 1964 en la población de Pascuales, en ese entonces un pueblo cercano de Guayaquil tuvo lugar el Primer Congreso del PCMLE. Fue un congreso en la más absoluta clandestinidad.
18 camaradas representando a la organización del partido de las provincias de Pichincha, Guayas, Loja, Azuay, Esmeraldas y Los Ríos concurrieron a las deliberaciones.
El Congreso  debatió la situación del país y las tareas de los comunistas y el pueblo,  puso atención a la necesidad de colocar a la orden del día la lucha por el derrocamiento de la dictadura militar,  la unidad de los trabajadores, los campesinos y la juventud,  señaló la responsabilidad de trabajar en el campo, junto al campesinado pobre en la perspectiva de organizar la lucha armada revolucionaria,  orientó impulsar la organización y la lucha de la juventud. El Congreso tomo posición por las tesis marxista leninistas que se debatían en escala internacional, condenó al revisionismo contemporáneo y planteó la vigencia plena del internacionalismo proletario, la solidaridad con los revolucionarios de América Latina y el mundo, al tiempo que decidió involucrar al PCMLE activamente en el Movimiento Comunista Internacional Marxista Leninista.
Los revisionistas y otros oportunistas hablan de que la CIA habría organizado el PCMLE. Es una falacia que pretende ocultar su naturaleza de traidores y agentes de la burguesía etiquetando a los revolucionarios proletarios de instrumentos de la inteligencia imperialista. Los hechos son suficientemente claros, están demostrados en libro del ex agente de la CIA Philip Agee que denuncia su propia labor como agente en el Ecuador. El viejo partido comunista estaba penetrado por agentes en varios niveles. Tres de esos agentes fueron destinados a integrarse en las filas de los revolucionarios proletarios y efectivamente entre los cuadros que organizaban el partido estaban Arellano, Cárdenas y Vargas, inclusive fueron elegidos al CC. Su labor fue dañina, nos causó grandes dificultades: realizaron una activa labor de intrigas y descomposición entre los compañeros, de diversión ideológica y política en las filas del partido, de delación policial a varios camaradas que fueran apresados por la dictadura. Esa actividad fue descubierta, denunciada, combatida y estos agentes fueron expulsados en 1966 y 1967, desenmascarados por sus actividades de carácter policiaco. Más adelante cuando se publicara el libro de Agee el partido y otros revolucionarios comprobamos la calidad de agentes a sueldo de la CIA.
Estos episodios no avalan la perniciosa afirmación de los oportunistas, expresan que el imperialismo estaba consciente de la naturaleza revolucionaria del partido y de la necesidad de infiltrarlo, descomponerlo y / o dividirlo; demuestran que la organización estaba atenta y supo descubrir a tiempo a estos traidores, expulsarlos y sanear sus filas.
Nacimos como una necesidad histórica, el viejo partido comunista había perdido su naturaleza revolucionaria y era un partido para las reformas y la conciliación, la clase obrera y los pueblos del Ecuador requerían de su vanguardia revolucionaria, de la organización comunista que los organice y conduzca en la lucha liberadora.
Nacimos como una respuesta del proletariado y las  demás clases trabajadoras a la traición de los revisionistas, como la verdadera organización comunista, como el partido político de la clase obrera, como el partido de la liberación social.
Nacimos para impulsar la lucha contra el imperialismo y la reacción, para organizar a las masas trabajadoras, a los patriotas y conducirlos a la lucha por la liberación nacional.
Nacimos con el objetivo de organizar y hacer la revolución.
Insurgimos como defensores de los principios revolucionarios del marxismo leninismo, como discípulos de Marx, Engels, Lenin y Stalin, como sus continuadores.
Surgimos para desenmascarar y combatir al oportunismo y al revisionismo.
Surgimos en condiciones difíciles, pequeños y débiles; pero plenos de optimismo y de confianza en la clase obrera y los pueblos.
Teníamos y tenemos la razón histórica, contamos con la guía del marxismo leninismo, con la decisión de luchar por la revolución y el socialismo.
Nacimos para luchar y vencer, para conquistar el poder y construir el mundo nuevo.
Ecuador, octubre de 2008
Anexo
COMUNISTAS Y REVISIONISTAS, (1)
Entre los izquierdistas y ciertos sectores de las masas se viene hablando de la división de los comunistas, de que se han fraccionando en dos bandos contrapuestos, entre los partidarios de Pekín o guerreristas y los seguidores de Moscú o partidarios de la vía pacífica.
Ciertamente lo que fue el Partido Comunista del Ecuador está dividido.
De un lado estamos los comunistas verdaderos, los revolucionarios consecuentes, los que queremos y luchamos por la revolución a través de la lucha armada, los que creemos en las virtudes de la clase obrera, del campesinado y de la juventud estudiantil, los que estamos en las trincheras y combatimos por el poder. Al otro lado están los traidores, aquellos que renegaron del pasado revolucionario del partido comunista, los que no creen en la clase obrera y el pueblo y confían en los representantes de las oligarquías como Carlos Julio Arosemena y Clemente Yerovi, los partidarios de la llamada vía pacífica.
Es también una verdad que los verdaderos revolucionarios, los comunistas marxista-leninistas coincidimos con los planteamientos y posiciones del Partido Comunista de China, del Partido de Albania, con los camaradas vietnamitas, con la revolución cubana y, que los revisionistas son seguidores de los dictados de Jrushov y del Partido Comunista de la Unión Soviética. Pero esto no quiere decir que nosotros somos "pequineses o chinos" y que los traidores son moscovitas o "cabezones". Las aguas están demarcadas por la actitud ante la revolución: los revisionistas han renunciado a la naturaleza revolucionaria del partido comunista y se han convertido en cultores del reformismo, de la supuesta posibilidad de hacer la revolución a través de las concesiones; los verdaderos comunistas, los revoluciónanos consecuentes persistimos en la decisión de trabajar por la revolución.
Cierto que la división del viejo partido comunista colocó de un lado a la mayoría de los integrantes de la Juventud Comunista y de otro a los miembros de las camarillas nacional y provinciales, a los "viejos", que hablaban de la revolución, de la lucha armada, de que el partido estaba preparado para alzarse y que se entregaron miserablemente a la dictadura para explicar el engaño a que habían sometido a la militancia. Pero, de ninguna manera esto significa que la delimitación tenga carácter generacional, que de un lado estén los jóvenes y de otro, los viejos. La cuestión es más de fondo, de principios. En la orilla revolucionaria estamos los consecuentes, los luchadores, los que queremos y trabajamos por la revolución, en el lado opuesto están los traidores, los contrarrevolucionarios, los que hablan del comunismo para oponerse a la lucha del pueblo.
Algunas personas piensan que la división del partido comunista es entre partidarios de la guerra revolucionaria y los que quieren la revolución sin derramamiento de sangre. Varias de esas personas nos llaman la atención diciendo que si los dos bandos son comunistas, quieren la revolución y lo único que los divide es la forma de alcanzarla, lo normal, lo lógico es que se junten y sigan luchando. Estas apreciaciones son completamente falsas. Es necesario que les digamos a aquellos amigos que la división tiene que ver con los principios. No se trata de la forma de llegar a la revolución sino de si luchamos por la revolución o renunciamos a ella y, esto es lo que ha ocurrido entre los revisionistas y nosotros.
Claro está los traidores, los revisionistas utilizan el prestigio del viejo Partido Comunista del Ecuador, el cariño que sienten por él importantes sectores populares; se esconden tras el paraguas del Partido de la Unión Soviética, utilizan las figuras de Lenin y Marx para camuflar su propia naturaleza Con una gran palabrería hablan del desarrollo del marxismo-leninismo y de verdad se han inventado una serie de teorías que quieren pasar como revolucionarias.
Así hablan de la vía pacífica, de la posibilidad de que los pueblos alcancen la revolución, el poder a través de las elecciones; también se refieren a la competencia pacifica, a la coexistencia pacífica, al hecho de que la gran capacidad militar, industrial y científica de la Unión Soviética hará que los pueblos se inclinen a su favor y que los imperialistas les permitan el transito pacifico al socialismo; se lavan la boca con una serie, de planteamientos que supuestamente desarrollan el marxismo-leninismo.
La realidad es bien distinta. Los traidores, con Pedro Saad a la cabeza han desarmado al proletariado y al pueblo del Ecuador, se han convertido en delatores de los revolucionarios verdaderos y están haciendo el triste papel de oponerse al comunismo diciendo que son comunistas.
Esta es la esencia de su naturaleza, son revisionistas, pretenden revisar los principios revolucionarios, cambiarlos para que su traición no sea descubierta. No se atreven a decir que se oponen a la revolución y al comunismo como en realidad lo hacen porque perderían piso, se desenmascararían totalmente ante las masas.
Los marxista-leninistas no nos hemos erigido como otra organización para oponernos a los revisionistas, a los traidores. Estamos de pie, construyendo un nuevo partido comunista con el propósito de organizar la revolución, la razón de nuestra existencia no es debatir y competir con los revisionistas, estamos para combatir contra el imperialismo y por la revolución. Esto significa que la división no es entre jóvenes y viejos, entre pequineses y moscovitas, entre chinos y cabezones No. La división es entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, entre comunistas y revisionistas, entre luchadores y traidores, entre combatientes del pueblo y sirvientes de la burguesía; entre lo nuevo y lo viejo, entre el futuro y el pasado, entre la revolución y reacción.
Nosotros estamos con la razón, con la historia, los revisionistas están con el pasado, con la traición, son sirvientes del capital.
1.- Publicado en “RUTA REVOLUCIONARIA”. Órgano del CP de Loja del PCMLE. Mayo de 1966